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SUPAY-666

La soga del padre. cuento del supay.

 

La soga del padre. 

 

 

Del pobre cuarto cuelga una soga larga, fuertemente atada a una viga del techo, era de su padre, la uso para golpearlo un día como hoy, que cae una fina garua de invierno limeño. Hay personas que tienen fotos, cartas, regalos, el tenia la larga y gruesa soga, su manera de recordarle por siempre.

Dejo la cuerda allí como el único nexo con ese hombre que, era su padre, pero era su padre solo por que un día embarazo a su madre.

Jamás tuvo un papa, solo un padre, no es lo mismo.

 

 Sale a la calle, paso apurado en los viejos zapatones de cuero gastado, la basta del pantalón llena de escamas, arrastra su cansancio y frustración lejos del sucio mercado.

 

Hace frio, es la mitad del invierno, una fina garua cae sobre sus cabeza de cabellos hirsutos, camina rápido sin un lugar real a donde ir. Lleva un pantalón de jean muy gastado pero limpio (bueno, con escamas) y una casaca de esas acolchadas que lo hacen a uno gordo pero a el le quedaba extraño sobre su amplia espalda curtida a punta de correazos. 

Es un mal día, un pésimo día, un día de esos que todo se junta para que puedas dejar de creer en dios, para que sepas y te quede bien claro que tu papel en la tierra es la de ser un gusano, un escupitajo de tuberculoso, un pedazo de papel higiénico mal usado.

 

Otros hombres beberían alcohol, le pegarían a sus esposas, hijos, oh pelearían en una asquerosa cantina llena de meados contra otros hombres patéticos, pero, el no. Le están denegados esos paraísos artificiales de vagos y perdedores.

 

Vamos, quieres ir, quieres, beber un poco, como el borracho de tu padre, vamos, baja del auto, entra a ese callejón, al lado del burdelito hay una cantina sin baño, vamos, baja…

 

No puede, esta borrado de su mente, el no puede entrar a un bar, el no puede votar su ira con otros hombres de vidas miserables, tampoco puede pegarle a una mujer, no quiere ser como el. Sabe que esta solo, se  le estruja más el corazón.

Tampoco le pegaría a un niño, ni a su esposa (si la tuviera) Jamás podría, su padre lo golpeo desde que pudo caminar, y su recuerdo mas vivo y repetitivo es el de su madre golpeada y el llorando impotente.

 

El no toma, pero, la violencia y el alcohol ayuda a los vagos como el para que se expresen, para que voten toda esa brutalidad, que saquen toda esa mierda que llevan de los malos trabajos y las vidas vacías. 

Los más débiles y cercanos están para que uno los golpee y no haga daño a otras personas. Su madre y el fueron los mártires, sin ellos su padre habría ido a la cárcel mucho antes de lo que al final fue.

Quizás, su madre fue el artífice de su propio final.  -Si lo hubiera denunciado antes, si tan solo se hubiera largado de la casa, aunque sea sola, quizás… Se le estrujan las tripas, siente nauseas, los puños golpean los costados del viejo autobús. -Si tan solo yo hubiera podido… Pero luego la realidad le golpea fuerte en la espalda, con esa, la soga paterna, entonces el cierra los ojos y quiere golpear.

 

Cuando empieza a sentir todas estas cosas es que sale apurado de su solitario cuarto. Es un cuarto pobre, de escasos muebles, grises y viejos, nada en ellos logra mostrar que una mano de mujer, amorosa y delicada, halla pasado por allí. Todo se ve limpio y ordenado, pero con esa rigidez que da el haber pasado por el cuartel, hay orden pero no alegría, todo se ve limpio, pero muerto.

 

Salió del trabajo sin un aumento de sueldo y una puteada de su jefe, con las manos temblorosas de ira y de cansancio.

Salió buscando un consuelo, la busco a ella, y la encontró, rabiosa y defraudada, diciéndole que ya no quería saber nada con el. Se alejo turbado y triste buscando un amigo y se encontró con que todos ya tenían hijos, mujer, vidas hechas, propios problemas.

 

Un hombre con las manos en los bolsillos, un llanto de hace años guardado, los puños buscando salir y aplastar narices.

 

El solo era un estorbo, lo sabia, lo sentía en su pecho musculoso y frío. –Eres solo un pedazo de mierda, maldito llorón, tu madre te ha vuelto así, vamos, ¡Mírame mierda! ¡Mírame!

 

Un viejo ómnibus atestado de personas, lo detiene y sube. Esta solo y a la vez rodeado de gente. La mirada fija en la nada, el corazón lleno de una cólera almacenada. 

Sonríe, sube a un ómnibus. Luego de arrastrar su ira por media ciudad, se sentó sobre un asiento duro y sudado. Un vehículo de mierda, pura chatarra norteamericana.

 

El vehículo lo llevo cuadra tras cuadra, la ira le pedía salir y jugar, la gente subía y bajaba, espero la persona adecuada. Era paciente, ninguno parecía tener la talla o la actitud, el auto avanzaba despacio por entre las calles oscuras, gente en las esquinas, basura en los rincones.

 

La garua entraba por las ventanas averiadas, por entre los huecos del oxido en el techo, se bamboleaba como un borracho pero curiosamente estaba bien iluminado. De repente subió una pareja, el sonrió, todo el día parecía que tenia sentido, todo el mes, todo el año de dolor, los recuerdos de los golpes de su padre y los insultos de su jefe estaban allí.

 

         -Gracias Dios…

 

Era un hombre alto, fornido, joven, bien vestido y sonriente, abrazaba a una mujer muy atractiva, estaban de espaldas pero ella volteaba nerviosa a varios lados, moviendo sus cabellos lacios y negros, que caían sensuales sobre su espalda descubierta, su espalda era pequeña y toda su feminidad reposaba en sus caderas y piernas, se sentía segura con su fornido acompañante. Los demás hombres la ven a escondidas, temerosos, el hombre alto sonríe y mira alrededor, seguro de si mismo.

 

        -El es. –Dice en voz muy baja, solo para el. Mastica su saliva seca, sonríe y aprieta los puños. Hoy habrá redención.

 

De pie, despacio, con la sonrisa en los labios secos, se detiene detrás de ella, el transporte esta casi vacio, es de madrugada, pone sus duras manos sobre las nalgas firmes y grandes, las toca con placer y sonríe, ella voltea, le ve a la cara, con indignación, temblando de ira. Es un asunto de segundos, el la toca, ella reacciona, es algo rápido, ella pudo golpearlo, gritarle, pero su seguridad a sido dejada al acompañante, el lleva la responsabilidad de dar su cara por ella, ella voltea donde su pareja, lo ve, le habla al oído, le cuenta lo de las manos, el hombre voltea y observa. Frente a el, de pie, sin moverse, inmutable, hierático esta el hombre, esperando su respuesta.

 

Al viejo, un día, se le fue la mano golpeando a la madre, el niño viendo la escena, más impotente que nunca, abrazando  al cuerpo que se enfriaba. Por fin el padre se fue a la cárcel. El chico quedo solo, trabajando en lo que podía, ejercitándose, haciéndose cada día mas fuerte, esperando a que salga para darle una buena recepción…

Es cosa de segundos, ya les dije, el escucha, se indigna, voltea con toda la rabia contenida, es un frente a frente, es cosa de segundos pero parecen horas, como en un duelo del oeste, uno busca pelear, ser golpeado y pegar, le da igual, quiere sentir la adrenalina, recordar las duros manos de su padre, sentir la vieja correa de cuero en la espalda, los puñetazos del alcohólico, sentir que al golpear a ese hombre desconocido que tiene en frente, podrá en cierta forma golpear al que le destruyo su niñez.

Nunca se pudo vengar.

Murió adentro, una reyerta en la pampa, ese fue otro golpe del viejo y otra demostración de que dios no amaba a los hombres sufridos y trabajadores.

El otro hombre lo ve, lo ve, milésimas de segundo que son días enteros, lo ve y sabe que el otro no tiene nada que perder, sabe que esa nariz rota puede aguantar mas y mas golpes, debe de pelear, el sabe que es mas grande, mas fuerte, la mujer atrás de el lo anima a usar esa fuerza y portarse como todo un hombre, tiembla de ira, lo sigue viendo, pasa un segundo mas.

 

 

Pensando en todo eso, en toda su cólera, su rostro hierve, sus cejas de alzan, su nariz se arruga, los ojos se achican y los músculos se tensan. Los hombros suben y los nudillos suenan, tiene el rostro lleno de brutalidad, de violencia reprimida, de dolor, de pesadillas.

Todo en el  esta preparado para recibir el golpe que comenzara la pelea, todo pasa en milésimas de segundo, el cazador esta excitado ante su recompensa, la violencia.

  

Paso ese segundo, el otro hombre pierde el brillo en la mirada, la luz de sus pupilas se apagan como también los músculos se aflojan, primero un hombro se mueve, luego el cuello, bajando la cabeza en una acción silenciosa, voltea todo el cuerpo, le da la espalda, abraza a la mujer, esconde el rostro, baja la cabeza, un silencio de muerte.

 

Pasan dos segundos, el defensor se acurruca aun más sobre la mujer. Esta siente una bola de nausea recorrer su garganta y agitarle el torso, siente un vomito espeso, un rechazo a ese tipejo que trata de abrazarla como buscando un refugio y un perdón.

Ese abrazo que ahora le asquea, le ofende mas que el manoseo anterior, algo dentro de ella se destruye y empieza a recriminarle su cobardía, a ofenderlo, a denostarlo, a enrostrarle su poca hombría, su ridícula e insoportable actitud.

 

El otro hombre escucha y retrocede, silencioso, por que el ya no existe, ahora el no importa en esta escena, lo que buscaba se ha perdido.

 

Desciende cabizbajo del vehículo, camina sin rumbo, las manos en los bolsillos, los pies hinchados. Llega a su pequeño cuarto, abre despacio en completo silencio, como si aún temiera despertar a un fantasmal padre. Ante su cama vacía se quita los viejos y húmedos zapatones, le acaba de arruinar la vida a una persona.

 

Ganar o perder daba igual, el solo necesitaba dar dolor o sentirlo, nadie perdía, como en un juego de niños, algo casi inocente.

La visión de ese hombre convertido en un perdedor le dio una pena inmensa.

Mira la soga en el techo. De niño robo la gruesa correa con la que su padre lo azotaba a el y a su madre. Inocentemente pensó que así acabaría al menos con el castigo, pero al llegar ebrio y no encontrar su correa, enloqueció, agarro la gruesa soga que estaba polvorienta en un rincón y totalmente fuera de si lo flagelo hasta desmayarlo, luego, fue tras la mujer.

Mientras reaccionaba de los golpes,  oía a su madre gritar al son de los golpes de soga. Luego, ella quedo callada, el otro seguía golpeándola como una maquina. Se metió para detenerlo. El hombre lo abofeteo y aburrido, botella en mano, de largo de la casa. En la soledad del cuarto, el niño abrazo a su madre que, quietecita, se enfriaba entre sus brazos.

El otro hombre se acobardo, tuvo la oportunidad de lucirse con su pareja, de mostrar su hombría. Si el perdía, el otro quedaba como un héroe, el no se hacia problemas. Pero si ganaba, el otro podía ser abrazado por la mujer, ser curado y atendido, con ese orgullo y esa protección maternal que tienen las mujeres hacías los que pierden. Pero, el otro se acobardo. No fue su culpa, no debió pasar así, el tenia la culpa, siempre la tenia.

El fue el que robo la correa, por su culpa su santa madre ya no estaba con el, la culpa era siempre de el, en realidad el no servía para nada. Se lo decía su jefe, su ex novia, toda su vida se lo gritaba en ese momento al oído. 

Una pena honda empezó a recorrerle la adolorida espalda, una pena inmensa, un sentimiento de soledad absoluta cubrió las paredes del cuartito gris, supo entonces que realmente, como su padre siempre se lo recordaba, no servía para nada, que solo servía para joder, para fregarle la vida a los demás.

Fue entonces, que aplastado por el gran peso que le daba toda esa vida sin significado alguno, viendo la soga que lo esperaba desde hace muchos años, pensando en lo que iba a hacer con ella, se puso a llorar.

 

 

   Jueves 10 de febrero de 2011

 

6 comentarios

supay-666.blogia.com -

gracias a sus criticas, jesus, ok, se que tiene un toque donde se resalta el miserabilismo y tiene una nota altamente tragica pero yo mas que cuentista, soy un narrador, por lo que, lo que leen esta basado en algo real, mas bien, si le daba quitaba palabras o algunas partes de las mas sentidas pues, estaria atacando la verisimilitud de lo narrado.

espero me quieren comprender, pero, la realidad es mas estremecedora y tragica que cualquier ficcion.

Jesús Cossio -

Luis:

El cuento tiene entraña pero es muy triste. El ambiente opresivo está bien, pero en mi opinión te gana el miserabilismo. No es que yo sea el hombre más positivo del mundo, pero quizá una apuesta por una salida menos neurótica seria más auspiciosa.

muchos saludos

jesus

jaime -

El cuento tiene unos toques buenos de intriga. Un cuento fresco que se deja leer hasta el final. Muy Bueno. Ya estoy esperando el proximo cuento!.

chasumaaaa -

esta bueno pero tine webadas que sobran... wadas q se repiten, ojala que lo puedas corregir y no le hagas caso al segundo comentarista.............. esta bueno el tema, va con tu estilo de blog

mandy death -

pastillita??? jajajajajaja eso si suena jalado.................
aunque no me gusto la inspiracion de este, debo reconocer que es bastante bueno... besos

pastillita -

El mejor cuento que te he leído