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Dos tipos de teatro, el ser o no ser de la postmodernidad. - Ensayo de Luis Torres.

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Yuyachkani, teatro popular recorriendo los conos pobres y actuando en las calles.

 

Dos tipos de teatro, el ser o no ser de la postmodernidad.

 

Fui ayer al teatro, lo cual es una actividad que disfruto mucho, claro, buen teatro. El teatro clásico o experimental funciona dependiendo de un director de recursos mentales ilimitados y de actores que no solo se ajusten exactamente a su director, si no que en el momento dado, hagan honor a la creación de la mimesis griega; el ser otra persona, el traspasar la frontera de la realidad y, hacer que el espectador se quede suspendido entre la total admiración y la magia pagana.

Pero, ayer (Inocente de mi…!) quede atrapado en una obra de teatro de las cuales no soy un admirador. Hace años salía con una señorita de cierta universidad particular, ambos disfrutábamos del teatro, pero a diferencia de ella, yo admiraba el teatro popular, el de Yuyachkani, el de la universidad San marcos el cual, sin decorados ni vestuarios hacia maravillas y recorría el mundo (invitado, porque no tenían para pasajes), los festivales de unipersonales, el teatro callejero, el de los pequeños locales culturales, en resumen, ese teatro de pocos medios pero de grandes talentos.

¿A qué viene toda esta explicación? Hay otro teatro, el teatro que se critica en los grandes diarios, en las revistas, el de glamorosos escenarios, vestuarios, el de obras que han recorrido Broadway, el de oropel.

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Yuyachkani, exelente puesta en escena, hasta el 4 de diciembre.

Personalmente, de mi amor al teatro no guardo mucho cariño al segundo teatro, estuve en varias obras de moda, de temporada, de grandes criticas, de entradas onerosas y que prometían llevar lo último de Europa y Norteamérica a estas tierras.

El resultado de escenificar grandes obras es variable, principalmente por que los actores renombrados del segundo teatro son siempre la misma gente, los mismos amigos y amigas de siempre, y la verdad es que no son en su mayoría buenos actores, usualmente actúan papeles similares, y justamente estos papeles son idénticos a sus personalidades comunes.

¡Uno se siente extraño! ¡Es como ver a fulanito actuar como actúa siempre fulanito, o a menganita, actuar de menganita, y, yo me quedo en el teatro y los veo y no sé qué pensar! Bueno, si, se que pensar, que he perdido más que dinero, que he perdido mi tiempo, y este es escaso y valioso.

La última obra de teatro (la de ayer) fue la unión de tres actrices reconocidas, de la tv, cine, teatro, el público era el de los amigos y familiares, muchos de ellos eran un hato de bestias que reían de la manera más vulgar y sonora, una especie de reunión de amigos alegres pero allí había poco público de teatro, o, al menos podría decirse que era el publico que podía ser común en teatros ingleses de comienzo de siglo, de ese que solía ir con canastas llenas de verduras podridas, huevos y ocasionales piedras y, que reía y aplaudía a rabiar si la obra era de su brutal gusto.

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¿Qué es el teatro? Es los dos teatros, el bueno o el comercial, el comercial puede ser bueno, y el bueno puede llegar a ser muy simple, he conocido productores teatrales que muy orgullosos despreciaban el teatro más simple, según su sabia opinión, el teatro, para serlo, debe estar en espacios adecuados,  con vestuarios y escenografías, con efectos y todo lo que rodea de luz a una gran producción, lo demás no es teatro, solo es un grupo de personas de escasos recursos que juegan a que hacen una obra pero no llegan.

Claro, yo podría decir que el gran teatro tampoco lo es, por que, para hacer teatro se necesita de buenos actores y de directores preparados y, suele pasar que esto no se ve en las obras del círculo comercial.

Lo que vi ayer fue una cosa difícil de narrar, mujeres hablando de sus vidas, mesclando actuación con biografía, histeria con neurosis, y ese sentido de ¡Yo soy barrio y gracioso, tengo calle! Que se hacía insoportable y vacio, como un peso tremendo sobre la espalda, unas ganas de desear fuertemente que acabe ya la obra o que se mejore, pero, jamás mejoro.

Al final, salí meditabundo, las manos en los bolsillos, tratando de saber en qué momento la crítica y los medios de comunicación lograron lavar el cerebro a la mayoría de los espectadores sensatos.

Un crítico serio de teatro no lleva una buena vida, los diarios y los productores teatrales exigen sobones profesionales, personas que sepan llevar como a ganado al público, hatos de mulas que solo saben rebuznar alegres mientras, después de la función, beben en un llamativo café y dan sus puntos de vista sobre esta obra que suele ser una mala copia de alguna más llamativa.

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