
Adiós Club Med, hola caza de focas: tal parece ser la nueva consigna del turismo noruego. Los ecologistas están que arden; los pescadores felices. ¿A quién oír?
A la razon, hay sobrepoblacion de focas y alguien debe eliminarlas, comen tanto pescado que merman considerablemente la pesca y por ende la comida y economia de los paises afectados, dejan parasitos que afectan otras especies, ademas, es una tradicion la caza de focas en los paises del norte, tanto de europa como de America. ¿Por que nos sorprende que se mate foquitas, por que son bonitas? Por que no defienden a los salmones, a ellos los cazan todos los dias, indiscriminadamente y ellos si estan en extincion, pero, claro, los salmones no son bonitos, ellos no merecen piedad ni pena, y pensar que el 99 por ciento de los que compran abrigos de piel de foca bebe son mujeres, y mis amigas enviandome mensajitos para detener esa masacre, ja ja ja ja, al dia se extinguen tres animales de la faz del planeta, pero las foquitas bebes son mas importantes, jodanse, mis amigos y yo nos vamos de caceria, alguien quiere ir? habra cerveza fria y carne de foca fresca, vamos amigos, la aventura nos espera!!!!
Es la última manifestación del turismo extremo. Aburridos de saltar puentes atados de los pies o de los vuelos espaciales, muy pronto los turistas podrán viajar a Noruega para cazar focas bebé. El lanzamiento de este tipo de vacaciones coincide con la medida recientemente tomada por el gobierno noruego de expandir su caza anual de focas para que los entusiastas no profesionales puedan unirse a la partida. El objetivo es matar la mayor cantidad posible de focas, a las que los pescadores culpan por diezmar marcadamente el stock marino en el Mar del Norte. Sin embargo, la furia ya se apoderó de los grupos conservacionistas.
La expansión de la caza de focas de Noruega entrará en vigencia en enero de 2005, después de un intenso lobby por parte de los pescadores, quienes dicen que la enorme población de focas del país no sólo está eliminando a los peces sino que está infectando otras formas de vida marina de parásitos.
Gracias a la nueva legislación, las empresas de turismo están ofreciendo vacaciones tanto a cazadores experimentados como a principiantes. NorSafari está anunciando en Internet viajes que arrancan en unos 200 dólares por un día y por una foca y llegan a los 2.000 dólares por cuatro días y la garantía de dos focas. El sitio web de la compañía muestra fotos de cazadores que posan con su presa y ofrece viajes que no sólo incluyen alojamiento y comidas, sino que también ayudan a cortar y preservar las piezas. “Se ofrece entrenamiento para los principiantes”, asegura.
Algunos paquetes ofrecen un reembolso para los cazadores frustrados que no matan ninguna foca. Matar más focas de lo previsto costará otros 80 dólares, mientras que otra compañía, Polar Events, anuncia: “Nos aseguraremos de que usted no pueda olvidarse pronto de su cacería”. Los cazadores de focas profesionales tradicionalmente utilizaron garrotes para matar a las focas, pero el dueño de Polar Events, Kjetil Kristoffersen, dijo que a los turistas se les darán rifles. “Durante muchos años se cazaron focas en Noruega y es parte de la cultura”, dijo Kristoffersen. “Buscamos gente a la que le guste cazar, no gente que sólo viene a dispararle al animal. La tradición aquí en Noruega es que cazamos la foca para comerla; es comida”.

Los defensores de los derechos de los animales y los grupos conservacionistas temen que los bebés de foca indefensos se conviertan en el blanco fácil de los turistas. También advierten que las focas corren el peligro de ser cazadas en exceso. La caza de focas fue una tradición en Noruega durante siglos, pero mermó recientemente; eso aumentó el número de la especie. Por ese motivo se decidió sumar a los turistas en la práctica, que hasta ahora estuvo confinada a los expertos locales.
Al anunciar el plan, el ministro de Pesca de Noruega, Svein Ludvigsen, dijo que la medida “restablecería el equilibrio” entre los peces y las focas en las costas de Noruega y aseguró que la caza de focas no será diferente de la caza de antes. “Podría ser un gran éxito”, se entusiasmó el ministro. Sin embargo, este optimismo no es compartido en el exterior de Noruega y, a principios de octubre de 2004, el gobierno se mostró menos entusiasta a la hora de respaldar las vacaciones para cazar focas en sus costas. Los funcionarios temen que la medida, aunque sea popular entre los cazadores, afecte la imagen del país para la mayoría de los turistas.

El entusiasmo de los turistas está por verse. Polar Events no recibió hasta ahora ninguna reserva desde el exterior. Pero el sitio web de NorSafari dice que “a mucha de la gente con la que hablamos le gustaría venir a Noruega a cazar focas”. Y la Asociación de Caza y Pesca de Noruega le dijo a la revista “Jeger” que esperaban que hubiera un gran interés en el exterior, especialmente en Alemania.
El Ministerio de Relaciones Exteriores publicó un informe donde se asegura que “para mantener las poblaciones de focas dentro de un nivel sostenible es necesario sacrificarlas de manera selectiva. Esta es la razón de que Noruega permita cazar focas. La necesidad diaria de energía de una foca equivale a 2,5 ó 3 kg de arenque o capelán. Las grandes comunidades de focas merman considerablemente los stocks de varias especies de peces, comprendidos los que sirven de alimento al hombre. En el Nordeste Atlántico, la foca de Groenlandia consume, por si sola, tanto arenque como capturan los pescadores noruegos.

“Por lo tanto, las diferentes especies marinas interactúan unas con otras de manera a la vez directa e indirecta. Los responsables de su gestión deben tener en cuenta que, cuando se decida permitir la caza de una especie o protegerla, será necesario estudiar las consecuencias que dicha medida tenga sobre los stocks de otras especies. Este principio es comúnmente admitido para la gestión de todas las especies salvajes no amenazadas.
“La caza de la foca es una actividad económica tradicional en los países ribereños del Océano Glaciar Ártico y del Atlántico norte. En Noruega, la actividad posee una dimensión cultural que se superpone al aspecto económico y a los efectos de gestión de los recursos del mar.
“El valor económico que representa la caza noruega de la foca ha ido disminuyendo progresivamente. De ahí que el Estado de Noruega subsidie este sector desde hace varios años. Ello se ha hecho necesario para poder regular de manera adecuada la población de focas. Además, las tradiciones cazadoras tienen que mantenerse vivas para asegurar la transmisión de conocimientos a las generaciones venideras, de manera que se esté en condiciones de regular satisfactoriamente esta población también en el futuro”.
