









En estos momentos en los que está tan vivo el debate sobre la ley del menor y nos preguntamos cuál es la edad mínima para enviar a alguien a la cárcel, no está de más que echemos un vistazo a cómo trataba la justicia a los niños hace poco más de cien años, concretamente en Inglaterra en plena época victoriana.
Esta es la ficha policial de un niño de 13 años de aquel entonces. Su delito… tirar piedras a un tren.

BIRMINGHAM BOROUGH PRISON,
COUNTY OF WARWICK,
29th June 1872
- Nombre… Thomas Burns.
- Edad… 13 años.
- Estatura… 1,31 m.
- Pelo… Marrón.
- Ojos… Grises.
- Complexión… Débil.
- Lugar de nacimiento… Birmigham.
- Casado o Soltero… Soltero.
- Ocupación… Remero.
- Marcas distintivas… Cicatriz en la frente.
- Lugar de arresto… Duke Yard Park St Birmingham.
- Juzgado por jurado o sumariamente… Sumariamente.
- Delito… Arrojar piedras al tren.
- Sentencia… 4 días de trabajos forzados.
Hay que detallar, por si alguno está pensando que 4 días de trabajos forzados tampoco es un castigo desmesurado, que esos trabajos se cumplían en la prisión de Coldbath Fields, posiblemente una de las peores “Casas del Terror” que ha conocido Londres.

Siguiendo la máxima victoriana de que el esfuerzo mejora el espíritu del hombre, se idearon una serie de artilugios para que las personas que allí entraran endurecieran su espíritu a base de bien.
Uno de los trabajos más duros y que se generalizó por casi todas las prisiones era el de La Noria, definido por un juez de entonces como… “ el castigo más agotador, desesperante y ejemplar concebido por el ingenio humano ”.

Las sesiones eran de unas seis hora diarias y la mayoría de las veces en completo aislamiento.

También estaba La Manivela, parecido a la noria pero con la fuerza de los brazos.

o el Picking Oakum que consistía en deshilar ropa vieja hilo a hilo para reutilizarlo.

Sin olvidar que los castigos corporales por los motivos más peregrinos estaban también a la orden del día.

Así que como puede verse, cuatro días de trabajos forzados por arrojar piedras al tren, no era moco de pavo.
Más en:
Trabajos Carcelarios en la época victoriana (Exapamicrón. Castellano).
Fuente de las fotos.
Época victoriana. ( The National Archives. Inglés)
Crimen y Castigo en la época victoriana. (The National Archives. Inglés)


Bombardeos sobre Iwo Jima previos al desembarco.
La Batalla de Iwo Jima fue uno de los episodios más sangrientos de la Guerra del Pacífico y los 36 días que duraron los combates en la isla han quedado registrados como los más sangrientos en la historia del cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Durante ese largo mes, murieron más de 6.000 americanos y otros 20.000 fueron heridos. Por otra parte, de los 21.000 defensores japoneses, apenas hubo 1.000 supervivientes.
El motivo de semejante carnicería hay que buscarla en la orden que recibieron los soldados japoneses.
Cada hombre debe considerar su posición defensiva como su propia tumba, combatir hasta el fin y causar al enemigo la mayor cantidad de bajas posibles.
Si a esta orden (llevada hasta las últimas consecuencias) le sumamos que cada puesto defensivo formaba parte de un laberinto de túneles que los convertían en trampas mortales, no es de extrañar que Iwo Jima se convirtiera en la peor pesadilla de los Marines.

La isla de Iwo Jima es poco más que un pedrusco de 21 km cuadrados pero que se encuentra a unos 1.200 kilómetros de Tokyo y con una orografía relativamente llana, lo que le permitía albergar un par de aeródromos. Ideal como base desde donde lanzar bombardeos contra Japón. De ahí el empeño de los estadounidenses por tomar la isla y de los japoneses por defenderla.

Momento del comienzo del desembarco
Para la defensa, los japoneses crearon un intrincado laberinto de túneles que se comunicaban entre sí y que estaban proyectados para dar la máxima protección, efectividad y las mayores posibilidades de escapar.

Dibujo realizado por un ingeniero de la Marina Norteamericana. En él está representado el laberinto de galerías defensivas de la isla.
Las defensas más peligrosas eran unas llamadas, “Madriguera de conejo”.

Cuando los Marines localizaban una de estas y se disponían a neutralizarla, el defensor japones retrocedía por debajo de ellos hasta situarse a sus espaldas. Además, si eso no fuera posible, siempre le quedaba la opción de moverse hasta otro puesto en una posición más elevada o simplemente la de escapar por los túneles.

Y por supuesto, si los Marines decidían entrar a perseguirlos, les esperaban innumerables trampas, ángulos muertos o callejones sin salida donde podían ser emboscados. (En la ilustración, abajo a la izquierda, se representa una trampa con estacas de bambú)
El 26 de Marzo de 1945 la isla es tomada en su totalidad. Conocida por todos es la fotografía de unos Marines levantando la bandera en la cima de Iwo Jima. Fotografía, por cierto, rodeada de cierta controversia.

( Recomendable a quien le interese el tema, ver las películas de Clint Eastwood: Cartas desde Iwo Jima y Banderas de nuestros padres )
Visto e ilustraciones de la colección:
Así Fue la II Guerra Mundial de Noguer, Rizzoli, Furner.
Más en:
Como nota sabionda, añadir que la isla de Iwo Jima fue descubierta por un español llamado Bernardo de la Torre.

En las fotografías de The Wall Street Journal, Charles aparece con su ordenador bajo el puente en el que vive, o absorto frente a la pantalla junto a otro indigente que se protege del frío. El reportaje, publicado en mayo del año pasado, le describe como uno de los muchos “sin techo” que vagan por San Francisco y que, aunque carecen de los medios básicos para vivir, no han renunciado a la tecnología.
“No necesitas la televisión”, dice Pitts en el artículo, “no necesitas la radio. Ni siquiera necesitas los periódicos. Pero necesitas Internet”. Charles tiene perfiles en Facebook, Twitter y Myspace y se comunica con sus amigos por email. Vive en la calle desde hace casi tres años, no tiene un techo ni pertenencias de valor, pero tiene 340 amigos ‘virtuales’.
Una de sus preocupaciones cotidianas, además de conseguir conexión, es cargar la batería del portátil, o sustituirlo cuando éste se avería o se rompe. Ha tenido un Toshiba, un Dell y trata de conseguir un modelo mejor. Tiene una lista mental de los lugares donde puede recargar las baterías y de los cafés donde le permiten estar un buen rato conectado sin llamarle la atención.
En las largas noches bajo el puente, Charles se pasa las horas escribiendo poemas que cuelga en Myspace o quejándose del trato de la policía. En los últimos tiempos se ha convertido en una especie de adicto a Mafia Wars, un juego virtual que le permite llevar otra vida y reclutar a otros jugadores para construir su propio imperio criminal. Su muro de Facebook está lleno de llamamientos para realizar tal o cual operación, para unirse a su causa o acompañarlo hasta Moscú.
En Twitter, Charles es @poetcharles y allí deja caer algunas ocurrencias. Pensando en montar una banda de Death Metal con un ukelele que he encontrado en la basura, escribe un día. Descargándome vídeos de bailes de Bollywood, pensando en tomar unas clases, dice otro. A veces, en un arrebato de lucidez se pregunta cuál será el próximo giro loco que dará su vida.
Con su gorra de punto púrpura y su chándal amarillo, Charles se ha convertido en parte del paisaje de San Francisco. Otra periodista, recopilando historias sobre los “sin techo” de la ciudad, le describe como alguien que se ha hartado del sistema y que prefiere dormir en su pequeño rincón, lejos de los albergues. “Realmente ellos no te ayudan a mejorar”, se queja Charles, “solo están intentando quebrar tu voluntad… piensan que la poesía no es un trabajo de verdad”.
Su aparición en las páginas de The Wall Street Journal le proporcionó una gloria pasajera. Durante unos días, algunas personas se interesaron por él y sus circunstancias, pero su vida siguió más o menos igual. Unas semanas después, resumió su situación con un poema que publicó en Myspace, bajo el título The story WSJ.
“No ha cambiado mucho desde que mi historia fue publicada /
todavía luchando con las cosas del día a día, /
empiezo a notar que los humos tóxicos /
de los coches que pasan afectan a mi cuerpo /
asustado de dormir en las aceras por miedo que me arresten (…)/
La gente importante de la ciudad conoce mi situación /
y solo me dicen /
“buena historia”.
Enlace: On the Street and On Facebook: The Homeless Stay Wired (The Wall Street Journal).
Via: @elbauldejosete
![[Sin+tÃtulo-9.jpg]](https://supay-666.blogia.com/upload/externo-3ea903e42acb230b8973063e33a5272d.jpg)