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SUPAY-666

http://www.jazzzoneperu.com/, todos los miercoles: Gitanerias con las Amaya, Ernesto Hermoza y Jesus *el Viejo* Rodriguez

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GITANERÍAS de las AMAYA
Hora: 10:30 pm Cover: 20 soles
y 10 soles estudiantes
Es la reunión de una reconocida dinastía gitana flamenca y los mejores exponentes del flamenco en el Perú. Con la participación de la gran cantaora gitana flamenca, la inigualable: LEO AMAYA. Maestra de maestras, cultora de este arte tan apasionado, al baile: ESPERANZA AMAYA. Con su característico toque telúrico y visceral, la Primera Guitarra Flamenca del Perú, el "maestro”: ERNESTO HERMOZA. Y en el cajón flamenco al bailaor, productor musical, el virtuoso: JESÚS “EL VIEJO” RODRIGUEZ. Ellos son los Integrantes de Lujo, que junto a diferentes bailaoras invitadas nos deleitarán con su arte y todos juntos harán de esta fiesta un recorrido por los temas más representativos del flamenco contemporáneo con sabor gitano.

Jazz zone, las amaya, disfruten los videos...





 
Supay dixit:
pues si, desde que salgo con la camara a las calles no paro de grabar videos musicos, callejeros o reconocidos, personas, calles, videos y fotos, cosas que tengo grabadas en la cabeza y en los sueños.
El jazz zone tiene una progra,acion la mar de interesante, en un lugar clasico para los melomanos y buscadores de un rincon agradable y selecto en un oscuro y antiguo lugar de miraflores. El proximo miercoles se vuelven a presentar, a las 10 y media, pidan la tabla de piqueos so what!, que es tremenda, quesos (el brie esta buenisimo) prosciuto y demas carnes curadas, olivas y tostadas frescas, yo me bebi una cuzqueña negra helada, y observe maravillado un buen espectaculo, realmente bueno, vean los videos, los demas videos estan en mi cuenta de hi5, un abrazo...

taller y conferencia de Manuel Vilas en el centro cultural español, Lima, Perú



Un abrazo a todos y todas, que compartimos el taller de Manuel Vilas, envíen sus autoficciones para publicarlas y hacer una reunion literaria e intercambiar ideas, nos vemos hasta otro dia...

Un trio de etereos musicos tocando buen jazz (cantaloop theme) en el bar restaurante Shehadi (parque kennedy miraflores)

supay-666, el bloggero bajopontino freak les trae un pequeño video de jazz tocado por un exelente trio limeño, tocando cantaloop en un huarike del parque kennedy en Miraflores, un bar restaurante con un pequeñisimo espacio para una minuscula banda de jazz, un trio del cual no se su nombre pero que deseo saber, que tocan los fines de semana y que saben hacer que se me muevan los pies y se alegren mis orejas, cada cierto tiempo les pondre musicos de la ciudad, profesionales o callejeros que grabo con mi cel, disfrutenlo...
Shehadi , pizzeria, cafe, restaurante. Diagonal 220, parque Kennedy, Lima Perú,

El comegente, o la inseguidad y el miedo al amor... un recomendable cuento, enviado por Dayana (en serio, haz caso, sigue escribiendo)

Aun después de tanto tiempo transcurrido no logro entender cómo el comegente y yo vivimos tantos años como una pareja normal. Quizás fue mi falta de decisión para dejarlo lo que alimentó en él el amor que decía sentir por mí. Creo que el origen de ese amor, era en realidad, la capacidad que yo tenía para comprenderlo.

El comegente, como aquel perro callejero abandonado a su suerte, había encontrado en mis brazos cobijo, un camino seguro al reconocimiento como ser humano, porque yo lo traté como tal. En mis brazos sólo tuve para él roces que le dieron ternura a esa apariencia  grotesca que tenía, parecida a la de un oso. Estoy segura que le di lo mejor de mí en cada noche que le cedí un lado de mi cama y deje que subiera sobre mí para que aplastara su impotencia de sentirse odiado, aborrecido, contra todos mis orgasmos incontrolables y puros. Él y yo, al fin y al cabo, teníamos muchas cosas en común, nos deseábamos mutuamente, pero había algo que no me permitía imaginar una vida junto a él: Le tenia miedo, mucho miedo, miedo a esos ojos brillantes, llorosos, a esa nariz pequeña, perfectamente  frívola, y sobre todo, miedo a esos dientes blancos, ajenos a cualquier misericordia.

Jamás lo hubiese querido  ver de forma objetiva Hasta que un día sentí que tocaba el lado más sensible de mí...

Aquel  domingo salí apurada de casa, metí algunos libros a mi mochila, saqué mis llaves y me fui  sin decir nada, ni siquiera me despedí de Roxana. Tan sólo cerré la puerta con brusquedad como advirtiendo mi salida. Aún en el paradero mi mente estaba adormecida, empezaba a divagar cuando una combi se paró frente a mí y un hombre salió de ella gritando ¡pesquero, pesquero! La combi estaba casi vacía así que subí. Dentro del carro la situación no cambió, no sé por qué diablos me hallaba así, digamos que tan soñadora o tan imbécil; pensaba mucho en el comegente, en sus manos entrelazadas buscando calmar el frío. De nuevo me sumía en pensamientos sin un hilo en común, pero volví a la realidad inmediatamente después de sentir el olor a pescado. Bajé, me acomodé la mochila y caminé tranquila, mas algo me aguijoneaba la mente; seguí mi ruta y tuve la tonta idea de que tal vez podría encontrar a aquella señorita agradable de la semana pasada, en realidad mi idea era muy tonta ya que no recordaba su rostro. En fin, llegué a la casa de Helena, me sirvió café apenas me senté; no lo tomé porque me moría de calor y no sé de qué otro malestar, me moría, me moría. De pronto reconocí el origen de mi agonía asolapada  y ésta se fue haciendo cada vez más grande y mortuoria. ¿Qué día es hoy? Le pregunté con ansiedad a Helena. Domingo, me contestó sonriendo. Miré el reloj, eran las cinco y media. Domingo, cinco y media, Roxana sola en casa; el comegente, como todos los domingos, preparándose para ir a visitarme. Todo me empezaba a dar vueltas, sentí náuseas  y un terror infinito que se posó sobre la taza de café enfriándolo en un segundo. “Tengo que irme Helena, acabo de recordar algo importante” y me fui para siempre de su casa. A pesar que sabía del peligro al que estaba expuesta Roxana no corrí, camine por el pesquero, apurada sí, pero no corrí, como creí que lo haría si alguna vez mi Roxanita necesitase de mí. Por el camino esquivé niños que subían con bolsas negras, me fui de un lado a otro para no toparme con una turba de señoras ebrias. Los esquivé a todos con mucha elegancia, como lo hace Ronaldinho en el terreno de juego. Al final de todo llegué al paradero, otra vez viajé en “combi” , quería llegar lo antes posible. No era justo haber olvidado por completo a Roxana, me arrepentí de muchas cosas en el trayecto, como por ejemplo el hecho de no haberle contado el cuento ese de una tal caperucita y un lobo feroz que le tenía hambre; no se lo conté porque la historia me parecía por demás tonta. Cómo me arrepentí, los cuentos aparentemente insignificantes  tenían tanto que enseñar y yo los había descartado.  ¡Por qué no le advertí del lobo feroz! Cielos Roxanita, no te dejes comer, por favor no te dejes comer. Me dolía el pecho de la desesperación, pensaba en lo vulnerable que ella era sin mí, me la imaginaba entre aquellos temibles dientes del comegente. Quería estar con ella para hacerle un cerco con mis brazos; tal y como lo hacía para él, quería apretarla, sacarla de aquel peligroso mar que llaman vida; ya mi inquietud por llegar se transformaba en desaliento y me dieron ganas de tirar la toalla, bajarme del carro y echarme a llorar debajo del puente que está en SEDAPAL, pero mis piernas no respondían, permanecí en el mismo sitio, ahogándome en sollozos. De vez en cuando recobraba el ánimo  y me decía que no todo estaba perdido ¡Allá voy Roxanita! No te dejes comer, nomás no te dejes comer. Sin embargo, la maldita “combi” paraba a cada rato y para colmo de males creo que todos los pasajeros que recogía eran ancianos, era como si todos los asilos del mundo hubiesen soltado a sus abuelos para que vayan a fregarme. Otra vez sentí ganas de abandonar mi lucha, pero no era sólo mi lucha, tenía que ganar la guerra por Roxana. Llegaré, pensé, todo tiene que salir bien, encontraré a Roxana sana y a salvo, totalmente íntegra, sin ningún dedo menos, luego la haré dormir contándole algún cuento y finalizaré la noche fornicado como fiera con el comegente  ¡oh sí, así será!. El carro parecía ir a más velocidad y un buen presentimiento vino a mí, las cosas saldrán bien, pero no, no había nada seguro, nadie me aseguraba que en el trayecto, que era cada vez más corto el comegente no entraría  a la casa hecho una fiera, un lobo feroz en busca de una víctima, de una caperucita, de mi Roxanita. Qué temor más grande me invadía, la vida sin ella no sería vida, mi vida empezaba a perder sentido ya. Si le tocaba un cabello… maldito monstruo, si le tocas un cabello te mataré, te arrancaré los brazos y terminaré comiéndote. Empecé a ver las cosas con claridad, tenía que alejarme de él para siempre, alejarlo de Roxana, de nuestra casa. Quizás ya era tarde, pero lo había resuelto al fin, después de tanto tiempo juntos tenía que ponerle punto final.

Del pesquero hasta mi casa demoré veinte minutos, fueron los veinte minutos más eternos que he vivido, bajé desesperada; otra vez echarme a  andar, pensé que ya no tenía caso, en realidad tenía miedo, quería que el camino  se extendiera miles de kilómetros para llegar a casa después de un par de días. Tenía miedo. Llegué a casa en minutos, me acerqué lentamente a medida que distinguía con claridad que las luces estaban apagadas. Ella está dentro… Mi pánico era tal que sin mentir podía oír desde la puerta cómo el comegente trituraba los huesos de mi Roxanita, era algo así como cuando se oye comer a un perro. Saqué mis llaves del bolsillo y saqué todo el valor que tenía también. Abrí la puerta, entré. Roxana yacía en el mueble, frente al televisor, concentrada, ajena a mi regreso como a mi partida horas antes. Estaba viendo “Los caballeros del Zodíaco”; cuánto alivio me causó ver al caballero de Sagitario en la tele alumbrando el rostro de mi bella Roxana, fue como si la estuviese protegiendo de todo ente maligno. Allí estaba ella con su par de trenzas largas, parecía una muñeca de trapo y qué ganas de ir a abrazarla, de contarle todo, qué ganas de pedirle perdón y jurarle lealtad eterna, mas no lo hice. En seguida salí a comprar pan. Cuando ya estábamos en la mesa tomando el lonche le dije casi a secas que esa noche le leería un cuento; no respondió, ni siquiera pareció importarle. Creí que me lo tenía bien merecido y acaso ella ya no estaba para esas cosas, entonces fijé los ojos en mi taza de leche y ahí los mantuve por buen tiempo hasta que la oí reír; lo hacía bajito, se burlaba de mí. Tal vez esta chibola se haya vuelto loca, pensé. ¿De qué te ríes? Pareces una vampira, respondió. ¿Así? ¿Y por qué? Es que la mermelada la tienes ahí, como sangre en los labios. Saqué la lengua y efectivamente, me había manchado la boca con mermelada de fresa. Me sentí avergonzada pero a la vez feliz y a salvo de la supuesta indiferencia por parte de ella. La miré y ya no pude resistir más, la tomé en mis brazos y me la llevé cargada al cuarto. La acosté en la cama, le leí un cuento, pero no el de Caperucita y el lobo, sino uno donde hay un soldadito francés que no tiene pierna; al parecer le agradó mucho y se durmió con la tranquilidad con que se mueren los pájaros. Sólo entonces le dije que la quería con el alma.

Para el lunes en la mañana Roxana ya estaba muy lejos para ser tocada o mordida por alguna bestia. Se despertó temprano, se metió a la ducha, arregló su cabello con notable dedicación y se marchó al colegio. En la puerta, justo antes de salir, se detuvo y mandó un beso volado, hice lo mismo. Quedé sola en casa, intrigada y hasta cierto punto preocupada por la ausencia del comegente. ¿Por qué no habría venido? ¿Por qué no me llama? ¿Por qué me cuesta tanto matar a una araña? Como de costumbre, ya me empezaba a ir por la tangente. Me hice algunas preguntas más hasta que terminé meditando sobre la inmortalidad del cangrejo. Estaba muy apartada de mis dudas iníciales y parecía que nada me haría retomar el camino, pero de pronto tocaron la puerta, se me cayeron los cangrejos de la cabeza. Intuí que era él.

Estaba tranquilo, delgado, firme como un árbol en el umbral de la puerta, extrañamente muy abrigado. Algo me hacía verlo un poco más alto que de costumbre. Quizás era que yo me iba achicando entre la indecisión de decirle que ya no podría verlo. Al parecer él también notó que entre nosotros se acrecentaba esta diferencia de tamaños y me preguntó con una voz que salía melancólica y temerosa ¿podré llegar a igualarte? ¿De qué hablas? Le pregunté. No me había dado cuenta lo que significaba su pregunta hasta minutos después. Aquella pregunta, aquella voz, entendí lo que me quería decir; con esa pregunta estaba afirmando nuestras desigualdades, reconocía la distancia que de un momento a otro nos rodeaba. El comegente me decía que era él quien se hacía pequeño, que estaba por debajo de las rodillas del mundo. Era obvio que su pequeñez tenía que ver con su ausencia de ayer. ¿Dónde estuviste?

Me contó sobre la noche del domingo en Lima, vagaba solo por el Jirón de la Unión, con frío, con hambre, irritado y capaz de todo. Escuché con atención cada palabra, me percaté de sus ojos, de su respiración que se  hacía más rápida conforme entraba en detalles, igual que la mía. Cuando ya no se movía más mordí su cuello, fue como reventar un globo lleno de manjar blanco, le clavé los dientes con el mismo deleite que siento cada vez que te poseo, pero el dolor  en la mandíbula me sacó de quicio y empecé a morderme también. No era yo la bestia despiadada que arrancaba lonjas de carne de aquellos muslos lampiños. Me hice pequeño, mentí, ultrajé y luego comí. Me hubiese comido a toda la humanidad, pero escuché tu nombre Vanessa y ya había pasado sobre mí el tren de los recuerdos, por eso he vuelto.

Tal vez no debí dejarlo, tal vez hubiese sido capaz de cambiarlo, si hubiese vencido mis miedos nos hubiésemos largado a cualquier parte, un lugar donde él pudiera comer gente hasta el hartazgo sin sentirse ave de rapiña, donde yo me olvidara de cuentos absurdos que sólo encubrían mi mala sangre. Un maldito lugar para vivir sin restricciones. Pero aquel paraíso, como el resto de lugares encantadores, se hallaba escondido en alguna isla remota o tal vez en Grecia; daba igual, estábamos tan lejos de nuestra felicidad. Te entiendo, le dije y lo besé. Era un muchacho en mis brazos, gimoteando porque había roto una luna del salón de clases. Nos besamos como desesperados, queriendo calmar nuestras urgencias, presintiendo que ese sería nuestro último beso y tenía que ser con lengua, amarga saliva, caninos, molares, incisivos. El sabor a sangre aún se sentía en esos labios de demonio. Se bajó el cierre y dejó salir a la otra bestia, su pene erecto era una de las siete maravillas; sin más demora me quité los interiores y me colgué de mi hombre y ahí, parados, en medio de la sala me penetró interminables veces; él acarició mi nuca, le besé los ojos, me chupó la oreja, le clavé las uñas, me mordió el mentón, mi lengua no conoció límites. Nos quisimos tanto ese lunes, éramos inseparables, como Batman y Robin, estábamos aleados a la perfección. Sin embargo, cuando las eyaculaciones acabaron y cedieron el paso al sinsabor, me volvió el miedo a sus ojos; la imagen del rostro de Roxana mandándome besos volados me invadía y también me daba miedo. Roxana era la única razón por la que mandaría todo al diablo y así lo hice. Maté al comegente…

Roxana llegó a casa en la noche, volvía de la biblioteca, cansada y aburrida. Yo lo tenía todo listo, su cama hecha, la leche tibia. Ella me lo agradeció con un guiño y se acomodó en la cama. Me acerqué, abrí  el libro que había preparado y empecé: La caperucita y el lobo feroz. Pero en este cuento, le expliqué, el lobo no es en realidad un lobo feroz, un rebelde sin causa, digamos que más que un lobo feroz, es un lobo incomprendido, solitario, golpeado por el resto. En el cuento que le leí esa noche, el lobo y la caperucita se hacen buenos amigos y huyen juntos de la malvada abuelita  al bosque. Y ya pasados los años la gente se olvidó que alguna vez hubo un lobo que acechaba las casas y una niña vestida de rojo de mirada aprensiva.  Terminé con el cuento a duras penas, a punto de quebrarme ahí mismo, vi necesario salir inmediatamente de su cuarto, y justo  cuando estaba a un paso de la salida su frase me alcanzó: Seguramente la caperucita se sentía incomprendida como el lobo, por eso lo entendía. Sí, seguramente, respondí  ya entre lágrimas.

 

08/05/06

Lunes.

CALLE TARATA OR “ CALLE TARATA” A PROPÓSITO DE UNA PELÍCULA FALLIDA...gracias a http://rodolfoybarra.blogspot.com/





Cuando alguien me habla de “Tarata”, lo primero que se me viene a la mente es el jirón Tarata de Lima, una callecita que desemboca en el comedor estudiantil del jirón Cangallo en la facultad de medicina de la universidad San Marcos. “Tarata”, también me hace recordar el día que llegaban las camionetas llena de cadáveres chorreando sangre, después de la matanza de los penales en junio de 1986, ahí mismo, donde, todavía, funciona el centro tanatológico de Lima.
Ese es el recuerdo más lejano y más cercano de “Tarata” que tengo, una callecita en los Barrios Altos, repleta de cadáveres y de sangre, repleta de cuerpos que pocos o nadie reclamaba y que la policía iba amontonando en plena pista. Una callecita sin importancia, homónimo de otra calle, cuya estela de horror, unos años mas tarde, daría la vuelta al mundo.
Quizás por eso, cuando explosionó el cochebomba en Tarata de Miraflores, cierto recuerdo de mi adolescencia asociaba y fundía los cuerpos de esos dos mundos distintos, mundos extraños que tenían como bisagra la violencia y la destrucción: por una lado, la desesperación demencial de un Partido por alcanzar un supuesto equilibrio estratégico en un semipaís (Lenin), y, por otro, al ejército y a las mesnadas que asesinaban, secuestraban y desaparecían a miles de ciudadanos, evaporándolos en esos hornos crematorios que fueron los cuarteles, y donde aún yacen cientos de cadáveres esperando ser descubiertos.


II

Hace unos días me invitaron a presenciar el estreno de “Tarata”, la película de Fabrizio Aguilar, y donde “actúa” la braquicéfala de Gisella Valcárcel (esto debería ser una reseña cinematográfica, pero por mi formación no puedo constreñirme a los “cánones” cinemeros; del modo que, ya que no percibo un sueldo o alguna bonificación de las compañías distribuidoras, no tengo por qué mentir, distorsionar o falsear una verdad objetiva, tal y como hacen algunos comentaristas ciniestros de la prensa burguesa, coludida con la mediocridad y con la costra de una sociedad lacaya, mediocre y arribista). La verdad es que no sé cómo asir este producto aberrante y sinuoso donde Gisella apelando a sus referentes de mexicanadas lloronas hace un remedo mamarrachiento de un papel que bien merecido hubiera tenido en la doña María Félix como el arquetipo a imitar (me refiero a la dureza, don de mando y severidad del personaje). De tal forma que Gisella, con un ridículo “corte carré”, chilla, vocifera, se jala de los pelos y llora al peor estilo de la telenovelesca, pero sin convencer a nadie, ni siquiera a ella misma (ese llanto de cocodrilo de supuesta impotencia, echada en la cama, no trasmite mas que vergüenza ajena; y encima, para remate, la peluca negra, caracterización del personaje, no logra cubrir el pelambre pintado color escabeche de la “señito”).
El personaje que hace de amiga de Gisella, interpretado por una arribista y trepadora Lorena Caravedo, tiene una actuación lamentable (representándose a sí mismo) y sin ningún tipo de talento, felizmente el personaje muere y desaparece, aliviando, aunque no en mucho, el fastidio que ha resultado ver esta película.
El guión es pobrísimo: una familia clasemediera miraflorina que bajo la batuta de la “madre-esposa-amiga-empresaria-y vendedora de cremas” busca salir del atolladero impulsado por la crisis económica y por el avance inminente de la subversión. Un esposo contador, Daniel Valdivia (Miguel Iza), cuya debilidad, mal construida, interpola al personaje-Gisella y esta convierte al esposo en un monigote, un muñeco inservible al que el ventrílocuo no quiere prestar su voz y cuyas expresiones simulan más al sonido de una flatulencia que al correcto trabajo vocal del actor entregado. En el medio, los hijos: el menor, enajenado y delirante, pensando siempre en coches bombas y recomendando a todo el mundo las “reglas de seguridad” (a quién diablos se le ha ocurrido presentar a este personajillo del expresionismo alemán, laxado y hemodialisado en la truculencia; bueno, es un niño, perdonémosle, por esta vez; aunque esa escena de los playgos volando, remedo de una explosión simulada del niño es culpa única del director); y la hija acojudada por la situación política-social (de ninguna manera podemos ubicarla dentro de lo flemático) en una actuación sin mayores riesgos, plano y carente de aristas, estéril, pero, por sobre todo, aburrido.
De tal modo se sucede la película que el espectador ansía que ocurra algo, una explosión o un muertito por ahí (y aquí no tiene nada que ver las estupideces de Hollywood); hasta que la escena esperada ocurre, casi a mitad del bodrio, sin mayores efectos: un cochebomba que lanza a Gisella por los aires, y es bañada por vidrio molido y no por trozos de ventana; para cualquier conocedor es fácil percibir que se ha usado vidrio templado, el que se usa para los parabrisas de los carros, porque es en cuadraditos y con puntas romas, donde se percibe la falta de imaginación y la poca pericia de nuestros cinemeros para hacer escenas como esa.
III

Un trato aparte tienen los “subversivos” que, supuestamente, son los que aparecen conspirando, pero siempre de lejos, siempre detrás de una ventana gritando arengas o corriendo, escapando después de dejar una bomba o gritando consignas como robots. La mayor cercanía con los “senderistas” es a través de las empleadas domésticas que se supone (eso es lo que supone la película) son las que han ingresado a los hogares clasemedieros para sabotear, soplonear cómo están las cosas y despojarlos de sus comodidades (¿¿¿???).
Por otro lado, Miguel Iza, el esposo imbécil (reflejo del actor mediocre), es, también, contador y trabaja en una universidad nacional (por lo que se desprende del contexto), la universidad sería “La Cantuta”; y se encuentra con Róger, el hijo de la empleada que trabaja en su propia casa. Iza, en uno de sus peores caracterizaciones, para con una libreta copiando y redibujando las pintas senderistas formulando una supuesta tesis de fuerzas de equilibrios (¿equilibrio estratégico?) donde la "paz" se impone por igualdad de fuerzas entre la subversión y las “fuerzas del orden” (¿de dónde diablos han sacado esa teoría?).
En una escena Daniel Valdivia (Iza), quien para copiando las pintas senderistas, se encuentra en la universidad con el hijo de la empleada, y este le avisa de que lo que está haciendo es peligroso. Luego, en otra escena, Daniel Valdivia y el hijo de la empleada son conminados a ayudar a desplegar una banderola con el rostro del “presidente Gonzalo”. Luego, en otra escena, una redada policiaca cae por la universidad y se llevan a Róger, el universitario, hijo de la empleada, el que, por cierto, no volverá a aparecer.
Al final, en una estupidez mayor (y esto le alcanza al director quien es el responsable de este comistrajo), Daniel Valdivia, apurado por un berrinche de la hija cojuda, es atrapado en pleno toque de queda y sorprendido con la libreta de apuntes y llevado a prisión. El breve encuentro entre Gisella clasemediera buscando al marido imbécil, y la empleada doméstica buscando al hijo desaparecido por las fuerzas del orden, no es aprovechado ni por el guión, ni por la actuación, ni por la dirección, ni por la cámara floja, ni por la fotografía fuera de cuadro, ni por la música repetitiva, ni siquiera por las escenografías de cartón piedra y pintura al agua.
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Luego de un bostezo concluye el bodrio.

Un fracaso total y una pérdida de tiempo.
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Las ilustraciones de Toshio Saeki (japon es maravilloso, estas ilustraciones las vi hace un tiempo en una revista de psicologia, que lokon esteb artista japo)... gracias a http://blog.innerpendejo.net/

Las ilustraciones de Toshio SaekiLas ilustraciones de Toshio SaekiToshio SaekiToshio SaekiToshio Saeki

El nuevo video de Rammstein, (you have a pussy / I have a dick gun / so what's the problem / let's do it quick) porno duro y musica industrial pesada, actrices porno alemanas y buen rock induatrial, para ke mas??'

(you have a pussy / I have a dick gun / so what’s the problem / let’s do it quick) o en español: “Tú tienes un coño, yo tengo una pene. ¿Cuál es el problema? Hagámoslo rápido”.

"German pussy" otra alucinada creacion del director sueco Jonas Åkerlund, que ya trabajó con Rammstein en el también fuerte videoclip de "Mann gegen Mann". El single está incluido en el álbum "Liebe ist für alle da", que fue lanzado hace unos dias por Till Lindemann y esa banda de degenerados y locos que todos amamos. Como dice el título del disco, ’el amor está ahí, para todos’.

German Pussy.
Rammstein.
Berlín, Alemania.
Álbum: Liebe ist für alle da, 2009.

El rock es sexo, sexo fuerte y busqueda de libertad y locura, y eso es Rammstein, la gran banda alemana de punk-metal-industrial, que desde este 16 de setiembre saco su nuevo clip "German pussy", nada menos que en la comunidad de porno amateur europeo Visit-X Net.

Son  4 minutos de sexo pornografico y retorcido, explícito, letras directas, nenas alemanas fuertotas, las fantasias aberrantes y lokonazas de los integrantes de la banda y mucho mas. Después de este video, nada sera igual.

¡Advertencia! este video no es recomendable para personas sensibles, así que si te consideras una persona susceptible, blandengue, sin columna vertebral, un rosqueton, alguien que no puede ver una mujer sin confesarse donde el rabino o el cura, pues, no lo veas, no lo veas y pegate un tiro, das asco...

 ver el videoclip de “Pussy” desde su página oficial.

PRESENTACION DE CARBONCITO 12!!!! este sabado 26 de setiembre, 7 pm, amantes de las historietas, fanzines, comix y demas, todos presentes en este magno evento (ahi nos vemos renzo y lito :) http://www.carboncito.blogspot.com/

Sábado 26 de Setiembre
7:00 videos experimentales, cortos de osamu tesuka.
8:00 presentacion de la revista Carboncito 12
8:30 video de fotos del avion Garcia.
8:45 Los Paltas, acústico.
9:00 Los Aeropajitas, acústico
Ingreso Libre
Lugar: Sucre 101 Barranco a una cuadra del parque municipal.
Contraseña: Quiero el nuevo Carboncito!
Estan cordialmente invitados a participar de esta celebración!!!

***Gráfica realizada por nuestro amigo Manuel Gómez Burns. http://www.carboncito.blogspot.com/