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SUPAY-666

EL CONTADOR DE OSOS.

 Uno de los mas extraños trabajos de mi amigo Dennis consistió, concretamente, en contar osos. Tal cual. No piensen en nada peligroso ni exótico, él simplemente debía quedarse allí y contar los ositos de peluche.

Sucedió durante la campaña de Navidad de un conocido centro comercial. Por lo visto, hasta llegaron a darle un cursillo de preparación: "La cosa es fácil - le explicó el sagaz encargado - si en la estantería de arriba hay cinco osos y en la de abajo hay cuatro, sabremos que tenemos nueve osos".

Durante el par de semanas en que lo soportó, mi amigo contó una y otra vez los ositos de peluche, cada tarde, sin descanso. Ni siquiera tenía que colocarlos, para eso había otro tipo, más especializado, unas manos expertas.

Llegó a preguntarse cómo quedaría en su currículum aquella etapa de su vida: "Diciembre-enero de 1999, prácticas remuneradas como contador de osos". Hasta creyó encontrar un eco grandioso, mítico, en el nombre de aquella profesión. "El contador de osos"- se decía a sí mismo en voz baja. Y le parecía el título de una novela de Gogol, aunque él nunca hubiera leído a Gogol.

MIERDA DE ARTISTAS...



"Mierda de artista nº 047".
[Piero Manzoni. Mayo de 1961. Lata de metal de 5 cm de alto y un diámetro de 6,5 cm. ]

En mayo de 1961, Piero Manzoni produjo una serie de 90 latas de conserva, de 90 gramos cada una, de excrementos de artista conservados al natural.


Cada lata se vendía al peso según la cotización diaria del oro.
 

"¡Vancouver! ¡Vancouver! ¡Ahí lo tenemos!"

La mañana del 18 de mayo de 1980, el vulcanólogo David Alexander Johnston se encontraba apostado a unos diez kilómetros de la cima del monte Saint Helens, cuando observó que la ladera norte se empezaba a desplazar. Desde su puesto de observación, Johnston fue el primero en dar la voz de alarma: "¡Vancouver! ¡Vancouver! ¡Ahí lo tenemos!” – anunció desde su terminal de radio. Fueron sus últimas palabras.

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Eran exactamente las 8:32 h. de la mañana. La erupción del Monte Saint Helens fue tan violenta que se llevó por delante el cuerpo de Johnston y arrasó decenas de kilómetros cuadrados. La avalancha de roca alcanzó los 250 kilómetros por hora y arrastró material suficiente como para enterrar todo Manhattan a una profundidad de 120 metros. La columna de ceniza llegó a depositar residuos en 11 estados diferentes. Para hacerse una idea, la cantidad de energía liberada por el St. Helens equivalió a la de 500 bombas de Hiroshima.

Irónicamente, el único vulcanólogo capaz de predecir que el Saint Helens explotaría de forma lateral fue el propio Johnston. Los demás expertos, pese a los constantes terremotos que precedieron la erupción y a que el Saint Helens no tenía chimenea, no supieron predecir la catástrofe que acabó con la vida de 57 personas. Johnston cometió un único error que le costaría la vida: considerar que una distancia de diez kilómetros sería suficiente. Su cuerpo nunca fue encontrado.

* La fotografía de Johnston en la cabecera del post fue tomada 13 horas antes del momento fatal, en su puesto de observación.

EL SUEÑO DE LOS HOMBRECILLOS VOLADORES.

Aferrados a una ligera estructura de madera, los pilotos de los primeros dirigibles subían a los cielos dispuestos a jugarse el tipo por el mero placer de volar. Sin ningún tipo de protección, aquellos primeros hombres recorrieron el mundo para demostrar que no había límites a la imaginación humana. En los primeros años del siglo XX, fueron muchos los que vieron pasar sobre sus ciudades a aquellos misteriosos hombrecillos voladores. Ésta es su historia.

 

Aunque ya se habían construido algunos modelos a pedales y con motores de vapor, los primeros globos motorizados se construyeron hacia el año 1900. En EEUU, Thomas Scott Baldwin tuvo la genial idea de añadir el motor de una motocicleta a un gran balón de hidrógeno y construyó un ingenioso aparato bautizado como "California Arrow". En pocas semanas la aeronave se convirtió en un auténtico fenómeno y Baldwin se lanzó a recorrer el país realizando espectaculares exhibiciones. De todas partes, la gente quería ver aquellos artilugios voladores y a sus arriegados pilotos.

Dado el rudimentario sistema de sujección de aquellas aeronaves, los pilotos se jugaban realmente la vida en cada espectáculo. En lugar de góndola, una estructura de madera servía de soporte para el motor y el piloto. En muchas fotografías vemos al piloto subido a horcajadas sobre la estructura, tirando de los cables que debían mover el timón de cola.

Durante algunos años, Baldwin se dedicó a recorrer el mundo con sus pilotos acrobáticos; desde Los Angeles hasta Tokyo, pasando por Europa, aquellos hombrecillos voladores se pasearon por los cielos de casi todas las grandes ciudades, demostrando aquel prodigio que permitía a los hombres volar a su antojo.


Sin embargo, un hecho marcaría el fin de aquella era de esplendor. En 1906, los Hermanos Wright y Alberto Santos Dumont habían mostrado al mundo aquel nuevo artilugio denominado aeroplano, un aparato versátil y capaz de amenazar la supremacía de los dirigibles.

En 1910 se celebró en el Dominguez field, cerca de Los Angeles, el primer gran espectáculo aéreo de EEUU, un evento colosal en el que participaron varios aeroplanos y dirigibles. El plato fuerte de la jornada consistió en ver el enfrentamiento entre ambos tipos de aeronaves, pero la rapidez y espectacularidad de los aeroplanos se ganaron el favor del público.

En aquella misma jornada, el mejor piloto al servicio de Baldwin, el intrépido Lincoln Beachey, decidió dejar los dirigibles y hacerse piloto de aeroplano. El breve pero intenso sueño de los hombrecillos voladores había terminado.

Imágenes cortesía de www.earlyaviator.com

ELEVACION INVERSA ( EL HOMBRE MAS FUERTE DEL MUNDO )

http://youtube.com/watch?v=oAN5zWcTqkQ 

http://www.youtube.com/watch?v=QMZzlCnA-Wo 

http://www.youtube.com/watch?v=PbKmpAXWGs8

(19.9.67). Rusia. Campeón olímpico en lucha grecorromana, más de 110 kg., en 1988, 1992 y 1996. En cien años de Juegos Olímpicos, ningún campeón, antes de la aparición de Alexandre Karelin, tuvo el honor de ser por tres veces abanderado de su país. Cuando Viktor Kouznetsov, buscador de talentos deportivos, vio a Alexandre Karelin, en una de sus visitas rutinarias a la escuela, su imponente físico de 14 años (1,78 metros y 78 kilos), se dio cuenta que tenía ante él a un posible luchador de primer orden. Una vez terminado su crecimiento, Alexandre Karelin se convirtió en un atleta de potencia impresionante: 1,92 de estatura, 130 kilos de peso y una envergadura de más de dos metros. Esto era una verdadera trampa para sus adversarios, este atleta completo que práctica el baloncesto y el esquí, es también capaz de levantar 190 kilos de peso, o correr 3 kilómetros en menos de once minutos. No es sorprendente que este campeón no haya conocido la derrota desde 1988.  Comienza a entrenarse dedicando tres sesiones de una hora y media a su preparación física y técnica con ejercicios de suelo, sin tiempos muertos ni de recuperación para mejorar su resistencia. Añade a esos trabajos forzados largas carreras y trabajo de musculación con pesas.  Juegos de Seúl de 1988.  En este torneo Alexandre Karelin masacró a sus rivales antes del límite de los seis minutos reglamentarios.  Tras un desgarro en un pectoral, producido en la semifinal de los Campeonatos de Europa de Budapest de 1996. A pesar de que le aconsejan guardar dos meses de reposo, la cercanía de los Juegos de Atlanta, que empezaban en cinco semanas, le hicieron comenzar a entrenar. Aún a pesar de no estar en plenas facultades barre uno tras otro a todos sus adversarios. Su último oponente en la final es el americano de origen iraní, Matt Ghaffari. Ante su público Ghaffari espera romper la leyenda de imbatibilidad de Karelin, pero al igual que en sus 21 combates precedentes, “Alejandro el Grande” domina a su rival a quién lleva al suelo balanceándolo por encima de su cabeza. Este movimiento le basta a Karelin para marcar un punto. En 1997 y 1998, gana el Campeonato Mundial, y éste último año consigue también el Campeonato de Europa. Ningún luchador desde Atenas en 1896, ha conseguido una proeza semejante en los Juegos Olímpicos.

 

EL MANICOMIO MAS ANTIGUO DEL MUNDO...

Escena en el interior de Bedlam pintada por William Hogarth en 1735El ‘Bethlem Royal Hospital’ de Londres es el manicomio más antiguo del mundo. Se fundó en el año 1247 con el fin de albergar a todo tipo de "lunáticos" y enfermos mentales. Sin embargo, gracias a sus métodos brutales, pronto empezó a conocerse como el Hospital de “Bedlam”, que en inglés significa confusión o follón. El nombre se lo pusieron los londinenses que escuchaban los gritos que salían del edificio, gritos de locos enjaulados o encadenados a las paredes.

Años más tarde, a partir del siglo XVIII, se puso de moda entre los caballeros y damas ingleses acudir al hospital de Bedlam para pasar una tarde de diversión. Por apenas un penique, los ingleses adquirían un pase para el gran zoológico humano. "La visita de esa casa de locos – cuenta Leopoldo María Panero – era una de las grandes diversiones dominicales de los londinenses. Los visitantes pasaban por esas verjas llamadas "penny gates", porque la entrada costaba muy poco. El visitante tenía derecho a recorrer todas las divisiones, las celdas, hablar con los enfermos, y burlarse de ellos. A cambio de sus agudezas dábales en ocasiones algo de comer, o bien les hacía beber alcohol para estimularles a seguir divirtiéndole".

La locura, según BronzinoEn el hospital de Bedlam nunca faltaron los huéspedes ilustres. Entre ellos se cuentan casos como el de James Hadfield, que intentó matar al rey Jorge III convencido de que solo con ello se produciría la segunda venida de Jesús; o el de James Tilly Matthews, un famoso comerciante de té que en 1793 se puso en contacto con el primer ministro para advertirle de que una legión de “espías magnéticos” atacaría Gran Bretaña a bordo de “telares voladores” controlados por la mente.

Los gatos de WainLos casos más interesantes son los de dos extraños artistas: Louis Wain y Richard Dadd. El primero desarrolló una auténtica obsesión por los gatos, sus pinturas de mininos antropomórficos, que fuman, toman el té o juegan al bridge, eran muy valorados en la Inglaterra victoriana y durante años produjo millares de ellos. Wain vivió encerrado en su casa con tres hermanas solteras y 17 gatos, hasta que, al cumplir 57 años, aparecieron los primeros síntomas. De pronto, algo empezó a sucederle a sus gatos. A medida que avanza su esquizofrenia, su expresión se hacía más exagerada y siniestra, Wain empezó a dar largos paseos nocturnos y a hablar de enemigos que influían en su mente a través de rayos eléctricos. La evolución de sus dibujos aún sigue siendo estudiada en las clases de Psiquiatría.

Richard Dadd, el enviado de OsirisEl pintor victoriano Richard Dadd no estaba obsesionado con los gatos pero sí con las hadas. A los 20 años, con una prometedora carrera como pintor, Dadd hizo un viaje a El Cairo y se pasó cinco días fumando hachís en una cachimba. Alrededor del cuarto día, le pareció que el burbujeo de la pipa le hablaba, hasta que comprendió que se trataba de un mensaje del dios egipcio Osiris, que se dirigía a él en un lenguaje de burbujas.

Al cabo de unas semanas, de regreso a Inglaterra, Dadd le partió la cabeza a su padre con un machete y se deshizo del cuerpo. Cuando le capturaron, la policía le requisó una lista con los nombres de las personas a las que se proponía eliminar por orden de Osiris, empezando por su padre y terminando por el Papa de Roma.

Detalle de 'El gran golpe del leñador mágico'Richard Dadd fue confinado de por vida en el hospital de Bedlam. Allí siguió pintando sus cuadros de hadas, pero dedicó nueve largos años a terminar una obra en concreto: “El gran golpe del leñador mágico”. En ella, un grupo de duendes y hadas observa a un extraño leñador que sostiene su hacha y lanza un golpe hacia la nada. Fue tal la cantidad de capas que Dadd fue agregando obsesivamente, que la pintura adquirió un efecto tridimensional. Hoy es una de las obras más deslumbrantes de la Tate Gallery de Londres.

LAS TORRES DEL SILENCIO

Los funerales celestes

Se desnuda el cuerpo, se rasura el pelo y se descuartiza el cadáver del ser querido con un cuchillo. Una vez separados los huesos de la carne, se machaca el cráneo con un martillo y se dejan sus restos sobre una piedra, donde son devorados por los buitres. Solo cuando las aves terminan de comer, se considera que su alma ha ascendido a los cielos.

En las tierras de Litang, a 4.600 metros altitud, el suelo es demasiado duro para cavar una fosa y escasea la leña para hacer fuego. En esta zona del Tíbet, los muertos son entregados a los buitres desde hace 5.000 años, un rito inmemorial introducido por los nómadas en tiempos de Zaratustra. Ellos llamaban a sus altares “torres del silencio”.

Durante el ritual, conocido como “funeral celeste”, el sacerdote (rogyapa) descuartiza el cuerpo delante de sus seres queridos y lo entrega a los buitres. Las aves arrancan grandes pedazos de carne que se llevan hacia el cielo. Cuando solo quedan los huesos, el sacerdote procede a machacarlos y a mezclarlos con harina, para que las aves terminen su trabajo.

De acuerdo con la creencia budista, el cuerpo es un mero vehículo para transportar la vida; una vez que el individuo muere, y como última muestra de caridad, su cuerpo debe servir de alimento a los buitres sagrados. No en vano el buitre es considerado por los sacerdotes un ave muy budista: no mata a otros seres y acepta lo que le viene, el curso natural de las cosas.

El monasterio de Drigung Til recibe unos diez cuerpos al día. El ritual se practica allí desde hace siglos. "Acabo agotado todos los días" – dice Celha Qoisang, el sacerdote encargado de los rituales. El hombre ha descuartizado una docena de cadáveres cada día desde hace 15 años.

"Una de las cosas más terribles que le pueden suceder a un muerto – explica Qoisang – es que los buitres no se lo coman". Porque aquí arriba, en las llanuras de Litang, el hecho de que los carroñeros no arranquen hasta el último jirón de tu carne se considera un mal presagio.

El método Voronoff

Steinach en su despacho
A principios de 1934, el poeta William Butler Yeats se siente viejo y acabado. Lleva un año sin escribir y lo achaca a su impotencia sexual. “Mis versos se vuelven fríos y cerebrales – le dice a uno de sus amigos – Todo el deseo y lascivia que hacían surgir mi poesía se diluyen”. Semanas después, el mismo amigo le convence para que realice un viaje y se someta a una sencilla operación que, según él, le hará rejuvenecer visiblemente y le devolverá la potencia sexual.

Yeats, anciano frenéticoEn abril de 1934 el poeta irlandés William Butler Yeats , flamante Premio Nobel de Literatura, es operado de los testículos en un oscuro quirófano de Londres. Milagrosamente, en septiembre de ese mismo año, Yeats se siente de nuevo como un toro y entra en la etapa más creativa de su vida. “Concédeme el frenesí de un anciano” – escribe Yeats a sus 69 años. De pronto el sexo se ha convertido para él en una obsesión y se siente con fuerzas para emprender una relación con la actriz Margot Ruddock, cuarenta años más joven.

Experimentos hormonales de la épocaOtro premio Nobel, el noruego Knut Hamsun, y el mismísimo Sigmund Freud, se someten en esos meses a la misma operación en el más absoluto de los secretos. Se trata de la “operación Steinach”, ideada por el afamado médico vienés del mismo nombre y consistente en cerrar los conductos del esperma para aumentar la producción de hormonas sexuales masculinas y reconducirlas hacia el flujo sanguíneo. Una especie de vasectomía, que invierte, “teóricamente”, el proceso natural de envejecimiento. “El corazón se hace más fuerte, la musculatura se refuerza – explica Steinach– El andar es firme y erguido, el sueño se restaura”.

El método Voronoff No muy lejos de allí, en Francia, el conocido profesor Voronoff se dedica desde hace unos años a transplantar testículos de mono a sus pacientes. Gracias a su campaña publicitaria, la operación de “rejuvenecimiento” se hace tan popular que hacia 1930 son miles los caballeros de todo el mundo que se pasean con los testículos de un primate entre las piernas. La demanda de gónadas es tal, que Serge Voronoff planea construir un gran parque con chimpancés y babuinos para mantener el suministro.

Los cojones de VoronoffDurante la operación, el profesor Voronoff coloca paralelamente al paciente y al mono en sendas mesas de operación. Después de aplicar una anestesia local al hombre, Voronoff extrae las glándulas del mono y las corta en seis finas lonchas que injerta en los testículos del paciente. En pocas semanas, los tejidos del mono son reabsorbidos y las hormonas empiezan a fluir. “La tensión baja, la vista se hace más aguda, el pelo crece”.

Sujeto experimentalEn algunas de sus charlas, Voronoff asegura haber aprendido la importancia de los testículos en la salud del hombre gracias a la observación de los eunucos en Egipto. Según él, al observarlos detenidamente había comprobado que la extirpación de los testículos producía en ellos un decaimiento físico comparable a la vejez, y aquello le llevó a pensar que el implante de testículos podría ser un tratamiento adecuado contra el envejecimiento.

En Londres, Voronoff realiza exhibiciones mostrando fotografías de sus pacientes antes y después de las operaciones. Hombres de de 75 a 80 años, en avanzado estado de decrepitud, que de pronto se convierten en saludables tipos que practican deporte y montan a caballo.

En esos meses, el dramaturgo Anatole France – también premio Nobel – se pone en manos de Voronoff. Cuando se presenta tiene 61 años y un aspecto lamentable. Voronoff injerta a Anatole France los testículos de un enorme mono cinocéfalo, divididos en 8 partes alrededor de los testículos del escritor. A los 23 días – según Voronoff – Anatole France le relata su primera erección tras 10 años de impotencia.