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ELEFANTES, LA GRACIL BELLEZA DEL NADO PESANDO 5 TONELADAS.

Con sus cinco toneladas de peso, los elefantes de la isla de Andaman, en el Golfo de Bengala, son capaces de nadar largas distancias sin ningún tipo de problema. Cada día, después de una dura jornada de trabajo en la madera, los elefantes regresan nadando de isla a isla conducidos por sus cuidadores.

 

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Aunque parezca increíble, los elefantes son unos magníficos nadadores y tienen una gran resistencia bajo el agua. Sumergen su cuerpo por completo y utilizan su trompa a manera de respirador, lo que les permite bucear durante kilómetros con gran facilidad. Su habilidad es tal, que los científicos creen que los primeros elefantes que llegaron a Sri Lanka desde La India lo hicieron a nado. 

Pero ¿a qué se debe esta habilidad de los elefantes bajo el agua? Los científicos creen ahora que los elefantes dejaron atrás la vida acuática hace alrededor de 30 millones de años y que desde entonces no han dejado de adaptarse a la vida terrestre. Según algunos estudios, los elefantes podrían descender de la vaca marina y cuentan entre sus parientes más cercanos con criaturas como el manatí.

Analizando los embriones de varias especies, Ann Gaeth, de la Universidad de Melbourne, Australia, ha descubierto la presencia de un vestigio ancestral en los embriones de elefantes, un pequeño conducto conocido como nefrostoma, que solo poseen los animales que viven en el agua. Otros especialistas, como John B. West, de la Universidad de San Diego, creen haber descubierto la causa por la que los elefantes son capaces de bucear a profundidades considerables sin que sus pulmones se dañen, como ocurre con otros mamíferos. Según West, los elefantes han reemplazado las membranas pleurales normales por capas de tejido conectivo denso que permiten a los pulmones soportar la intensa presión.

El fotógrafo surafricano Steve Bloom ha dedicado varios años de su vida a seguir a los elefantes nadadores de Andaman y el resultado ha sido su libro “¡Elefante!”, algunas de cuyas imágenes podéis ver en este post. Por último, en el siguiente vídeo de David Attenborough para la BBC, podréis observar la reacción de los elefantes africanos al encontrar agua tras meses de estación seca. Una auténtica maravilla.

 

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LAS MARAVILLOSAS BALLENAS VOLANTES....

Zepelines sobre Manhattan

A principios de los años 30 los zepelines eran el transporte del futuro. Sobre la torre del Empire State Building se instaló un inmenso pináculo que debía servir de embarcadero para los zepelines que sobrevolaban la isla de Manhattan, asomando sus panzas entre los rascacielos. En 1937, pocas horas antes de la tragedia que acabaría con la era de los dirigibles, el monstruoso Hinderburg sobrevolaba Nueva York en dirección a Nueva Jersey. Gracias a las cámaras que registraron su vuelo, aún podemos hacernos una idea de la espectacularidad de aquel paseo.

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USS Macon sobre Nueva York, hacia 1931.
En la cabecera del post, el USS Akron entre 1931 y 1933


Un zepelin alemán rozando los rascacielos, octubre 1924

Otra vista del USS Macon sobre la isla de Manhattan, 1931.

El USS Los Angeles sobre Nueva York, entre 1924 y 1932.

Las alas de Reichelt , (¡¡¡VEA UN SACRIFICIO HUMANO EN VIDEO GRATIS!!!)

En 1911, un sastre austriaco llamado Franz Reichelt se sube a lo alto de la torre Eiffel ataviado con un traje diseñado por él mismo. El traje, que le da un aspecto de batman primitivo y bigotón, está especialmente diseñado para volar. En las imágenes vemos a Reichelt al borde de la barandilla, sobre una multitud expectante. Se diría que se lo está pensando. Un segundo después despliega las alas y salta al vacío. Éste es su grácil vuelo:

Ver vídeo

Eso que miden los curiosos al final del vídeo es la profundidad del cráter que Reichelt dejó sobre el suelo.

HOMBRES RELATO, (remenber the final of farenheit 541)

El cerebro es un lugar con puertas, ventanas y pasillos. También tiene un inmenso cuarto trastero. La señora O’C acude a la consulta del doctor Sacks porque tiene música dentro de sí, melodías irlandesas de su infancia que suenan dentro de ella de un modo tan real que se pregunta “¿Estará la radio dentro de mi cabeza?”. Después de varias exploraciones cerebrales, el doctor descubre la causa: la señora O’C ha sufrido una pequeña trombosis en el lóbulo temporal derecho del cerebro. Un coágulo de sangre ha provocado una “activación súbita de rastros de memoria musicales en el córtex”. Y una vez que remite el ataque, remiten igualmente las canciones.

Los pensamientos, la sensación de nuestro propio cuerpo, existen en algún lugar físico de nuestra materia gris. Una gotera en el trastero, o una lesión en la corteza del cerebro, y dejaremos de reconocer a nuestros semejantes, dejaremos de distinguir la forma de las cosas, o estaremos súbitamente dotados para tocar la batería.

Con “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, llega uno a la conclusión de que la neurología es una especie de robótica con personas, una robótica primitiva que algún día detallará todas y cada una de las conexiones neuronales que hacen que percibamos de tal o cual manera.

La Sra. S., por ejemplo, ha perdido la noción de la parte "izquierda" del mundo, sólo ve lo que está a la derecha en su campo visual; a la hora de comer solo se come la mitad derecha del plato, si se maquilla, solo lo hace con la mitad derecha de su cara. Otra paciente, Christina, se levanta una mañana, tras sufrir una pesadilla, y descubre que ha perdido el sentido de su propio cuerpo, de manera que ya no volverá a moverse coordinadamente si no está vigilando cada uno de sus miembros.

Miguel O. es un paciente afectado por el síndrome de Tourette, una pesadilla de tics y de creatividad desbordada. Cuando consiguen controlarle, decide que será un tipo normal de lunes a viernes y dejará de tomarse el medicamento los fines de semana. De esta manera podrá volver a ser, por unos instantes, el tipo imprevisible con el que ha aprendido a vivir.

William Thomson, un caso grave de síndrome de Korsakov, olvida lo que acaba de hacer o decir y apenas es capaz de reconocerse a sí mismo. Para no caer en el abismo de la nada, Thomson inventa historias sucesivas, finge su propia personalidad y se convierte en un ser fascinante, tan pronto es el carnicero Thomson, como el reverendo Thomson, en una sucesión de historias “inconscientes y vertiginosas”.

“Cada uno de nosotros es una narración singular, dice Sacks – una narración que se construye, continua, inconscientemente, por, a través de y en nosotros…” “El individuo necesita esa narración, una narración interior continua, para mantener su identidad, su yo”. Por eso Thomson se cuenta a sí mismo una mentira tras otra, porque es mejor cualquier cosa que el horrible vacío.

Lo que viene a decir Sacks es que somos lo que nos contamos a nosotros mismos, esa mentira que nos repetimos cada minuto para situarnos ante el universo. Me llamo Paco, soy electricista, vivo en Loeches. Esa letanía – tal vez ficticia – es lo único que nos separa de la locura, del precipicio terrible del olvido.

Una escalofriante reflexión que trataré de olvidar inmediatamente.

LOS ULTIMOS DE OKINAWA...

"En 1945, en Okinawa, isla del sur de Japón, ocurrió, ¿qué? No encuentro las palabras para describir aquello.

Fue justo después de la capitulación. Los habitantes de Okinawa sabían que la guerra estaba perdida y que los americanos, que ya habían desembarcado en su isla, iban a avanzar sobre su territorio entero. También sabían que la nueva consigna era no luchar.

Allí se acababa su información. Poco antes, sus jefes les habían dicho que los americanos los matarían a todos: los insulares se habían quedado con esa convicción. Y cuando los soldados blancos empezaron a avanzar, la población empezó a retroceder. Y fueron retrocediendo a medida que el enemigo victorioso iba ganando terreno. Y llegaron al extremo de la isla, que terminaba en un alto y abrupto acantilado dominando el mar. Y como estaban convencidos de que iban a matarles, la inmensa mayoría de ellos se lanzó hacia la muerte desde lo alto del promontorio.

El acantilado era muy elevado y, debajo, la orilla estaba erizada de afilados arrecifes. Ninguno de los que se precipitó al vació sobrevivió. Cuando los americanos llegaron, se quedaron horrorizados ante lo que vieron."

Metafísica de los tubos, Amélie Nothomb

EL GABINETE DEL DOCTOR DUCHENNE.

El gabinete del doctor Duchenne

A finales de 1862, el doctor Guillaume Duchenne da por acabada su obra "Mecanismo de la fisonomía humana, análisis electro-fisiológico de la expresión de las pasiones" a la que adjunta una serie de daguerrotipos de demostración. Durante años, Duchenne ha recorrido los hospitales de Francia en busca de los casos más raros de parálisis sobre los que experimentar su teoría electroterapéutica. En sus excursiones, el doctor lleva siempre su máquina de fotografiar y un artilugio de su propia creación, una batería de zinc y un par de electrodos con los que provoca la excitación neuromuscular de los pacientes.

El sujeto principal de sus investigaciones es un hombre de avanzada edad, al que en sus escritos se refiere simplemente como “el viejo”. En las fotografías, “el viejo” aparece rodeado de electrodos y protagonizando las más extrañas y distorsionadas muecas; el hecho de sufrir una falta de sensibilidad casi total en los músculos de la cara, le convierte en un sujeto ideal para las investigaciones de Duchenne. El doctor le somete a pequeñas descargas eléctricas durante horas, y registra cada uno de los movimientos de su rostro.

Lo que tanto intriga a Duchenne es el mecanismo por el cual se activan y funcionan los músculos, la forma en que tienen de trabajar para componer un movimiento o un gesto. En una de sus muchas investigaciones anota los mecanismos que diferencian una sonrisa falsa de una verdadera: mientras que una sonrisa falsa sólo activa los músculos de la boca, la sonrisa sincera activa los músculos de los ojos.

Pronto, sus excéntricas actividades al mando de la “máquina de los calambres”, convierten a Duchenne de Boulogne en motivo de burla por parte de los compañeros científicos. Ignoran que, años más tarde, sus estudios se convertirán en un referente dentro de la neurología y que será considerado como el padre de la electroterapia. Además, el sistema de su propia invención para fotografiar a los pacientes, y sus singulares retratos del “hombre viejo”, le reservan un lugar en la historia de la fotografía.

El U.S.S. Indianápolis (tiburones, bon apetit...!)

El 25 de Julio de 1945 el U.S.S. Indianápolis entrega los componentes de la bomba de Hiroshina en la Isla de Trinian. El Lunes 30 de Julio, un submarino japonés les detecta y dispara dos torpedos que hunden el Indianápolis en 15 minutos y de una tripulación de 1196 hombres sólo unos 800 logran saltar al agua.

Entonces comienza el auténtico infierno. Como la misión es absolutamente secreta, no pueden dar señales de SOS y tardan tres días en rescatar a los supervivientes. Muchos se vuelven locos y se matan entre ellos, pero la mayoría de las muertes las empiezan a causar los tiburones. Los hombres flotan en un mar de escualos; el agua clara les deja ver cientos de ellos. Al principio solo atacan a los muertos. El tercer día la media de ataques es de 6 ataques a la hora. Los tiburones acuden desde cientos de millas para comer seres humanos a placer.

Al cabo de tres días, los equipos de rescate se encontraron con un espectáculo dantesco de sangre y restos humanos. De los 800 hombres que cayeron a al agua, solo 300 fueron rescatados con vida.

LA CALVA DE BEETHOVEN

Hace algún tiempo, en el año 2.000, se subastaron en Sotheby's algunos pelos de la cabeza de Ludwig van Beethoven. Los pelos estaban perfectamente identificados y sirvieron para determinar que el genial compositor pudo ser envenenado.

Pero lo mejor es lo que contaba un experto en la vida de Beethoven:

Al parecer, durante su entierro, al que acudió una marabunta de gente, los invitados que iban pasando por delante del féretro aprovechaban para arrancarle unos pelitos al cuerpo del genio para conservarlos como fetiche. Fueron tantos, que cuando le enterraron, el cadáver del pobre Beethoven estaba prácticamente calvo.