Zepelines sobre Manhattan
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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.
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Analizando los embriones de varias especies, Ann Gaeth, de la Universidad de Melbourne, Australia, ha descubierto la presencia de un vestigio ancestral en los embriones de elefantes, un pequeño conducto conocido como nefrostoma, que solo poseen los animales que viven en el agua. Otros especialistas, como John B. West, de la Universidad de San Diego, creen haber descubierto la causa por la que los elefantes son capaces de bucear a profundidades considerables sin que sus pulmones se dañen, como ocurre con otros mamíferos. Según West, los elefantes han reemplazado las membranas pleurales normales por capas de tejido conectivo denso que permiten a los pulmones soportar la intensa presión.
En abril de 1934 el poeta irlandés William Butler Yeats , flamante Premio Nobel de Literatura, es operado de los testículos en un oscuro quirófano de Londres. Milagrosamente, en septiembre de ese mismo año, Yeats se siente de nuevo como un toro y entra en la etapa más creativa de su vida. “Concédeme el frenesí de un anciano” – escribe Yeats a sus 69 años. De pronto el sexo se ha convertido para él en una obsesión y se siente con fuerzas para emprender una relación con la actriz Margot Ruddock, cuarenta años más joven.
Otro premio Nobel, el noruego Knut Hamsun, y el mismísimo Sigmund Freud, se someten en esos meses a la misma operación en el más absoluto de los secretos. Se trata de la “operación Steinach”, ideada por el afamado médico vienés del mismo nombre y consistente en cerrar los conductos del esperma para aumentar la producción de hormonas sexuales masculinas y reconducirlas hacia el flujo sanguíneo. Una especie de vasectomía, que invierte, “teóricamente”, el proceso natural de envejecimiento. “El corazón se hace más fuerte, la musculatura se refuerza – explica Steinach– El andar es firme y erguido, el sueño se restaura”.
No muy lejos de allí, en Francia, el conocido profesor Voronoff se dedica desde hace unos años a transplantar testículos de mono a sus pacientes. Gracias a su campaña publicitaria, la operación de “rejuvenecimiento” se hace tan popular que hacia 1930 son miles los caballeros de todo el mundo que se pasean con los testículos de un primate entre las piernas. La demanda de gónadas es tal, que Serge Voronoff planea construir un gran parque con chimpancés y babuinos para mantener el suministro.
Durante la operación, el profesor Voronoff coloca paralelamente al paciente y al mono en sendas mesas de operación. Después de aplicar una anestesia local al hombre, Voronoff extrae las glándulas del mono y las corta en seis finas lonchas que injerta en los testículos del paciente. En pocas semanas, los tejidos del mono son reabsorbidos y las hormonas empiezan a fluir. “La tensión baja, la vista se hace más aguda, el pelo crece”.
En algunas de sus charlas, Voronoff asegura haber aprendido la importancia de los testículos en la salud del hombre gracias a la observación de los eunucos en Egipto. Según él, al observarlos detenidamente había comprobado que la extirpación de los testículos producía en ellos un decaimiento físico comparable a la vejez, y aquello le llevó a pensar que el implante de testículos podría ser un tratamiento adecuado contra el envejecimiento.
Se desnuda el cuerpo, se rasura el pelo y se descuartiza el cadáver del ser querido con un cuchillo. Una vez separados los huesos de la carne, se machaca el cráneo con un martillo y se dejan sus restos sobre una piedra, donde son devorados por los buitres. Solo cuando las aves terminan de comer, se considera que su alma ha ascendido a los cielos.
En las tierras de Litang, a 4.600 metros altitud, el suelo es demasiado duro para cavar una fosa y escasea la leña para hacer fuego. En esta zona del Tíbet, los muertos son entregados a los buitres desde hace 5.000 años, un rito inmemorial introducido por los nómadas en tiempos de Zaratustra. Ellos llamaban a sus altares “torres del silencio”.
De acuerdo con la creencia budista, el cuerpo es un mero vehículo para transportar la vida; una vez que el individuo muere, y como última muestra de caridad, su cuerpo debe servir de alimento a los buitres sagrados. No en vano el buitre es considerado por los sacerdotes un ave muy budista: no mata a otros seres y acepta lo que le viene, el curso natural de las cosas.
El monasterio de Drigung Til recibe unos diez cuerpos al día. El ritual se practica allí desde hace siglos. "Acabo agotado todos los días" – dice Celha Qoisang, el sacerdote encargado de los rituales. El hombre ha descuartizado una docena de cadáveres cada día desde hace 15 años.
El ‘Bethlem Royal Hospital’ de Londres es el manicomio más antiguo del mundo. Se fundó en el año 1247 con el fin de albergar a todo tipo de "lunáticos" y enfermos mentales. Sin embargo, gracias a sus métodos brutales, pronto empezó a conocerse como el Hospital de “Bedlam”, que en inglés significa confusión o follón. El nombre se lo pusieron los londinenses que escuchaban los gritos que salían del edificio, gritos de locos enjaulados o encadenados a las paredes.
Años más tarde, a partir del siglo XVIII, se puso de moda entre los caballeros y damas ingleses acudir al hospital de Bedlam para pasar una tarde de diversión. Por apenas un penique, los ingleses adquirían un pase para el gran zoológico humano. "La visita de esa casa de locos – cuenta Leopoldo María Panero – era una de las grandes diversiones dominicales de los londinenses. Los visitantes pasaban por esas verjas llamadas "penny gates", porque la entrada costaba muy poco. El visitante tenía derecho a recorrer todas las divisiones, las celdas, hablar con los enfermos, y burlarse de ellos. A cambio de sus agudezas dábales en ocasiones algo de comer, o bien les hacía beber alcohol para estimularles a seguir divirtiéndole".
En el hospital de Bedlam nunca faltaron los huéspedes ilustres. Entre ellos se cuentan casos como el de James Hadfield, que intentó matar al rey Jorge III convencido de que solo con ello se produciría la segunda venida de Jesús; o el de James Tilly Matthews, un famoso comerciante de té que en 1793 se puso en contacto con el primer ministro para advertirle de que una legión de “espías magnéticos” atacaría Gran Bretaña a bordo de “telares voladores” controlados por la mente.
Los casos más interesantes son los de dos extraños artistas: Louis Wain y Richard Dadd. El primero desarrolló una auténtica obsesión por los gatos, sus pinturas de mininos antropomórficos, que fuman, toman el té o juegan al bridge, eran muy valorados en la Inglaterra victoriana y durante años produjo millares de ellos. Wain vivió encerrado en su casa con tres hermanas solteras y 17 gatos, hasta que, al cumplir 57 años, aparecieron los primeros síntomas. De pronto, algo empezó a sucederle a sus gatos. A medida que avanza su esquizofrenia, su expresión se hacía más exagerada y siniestra, Wain empezó a dar largos paseos nocturnos y a hablar de enemigos que influían en su mente a través de rayos eléctricos. La evolución de sus dibujos aún sigue siendo estudiada en las clases de Psiquiatría.
El pintor victoriano Richard Dadd no estaba obsesionado con los gatos pero sí con las hadas. A los 20 años, con una prometedora carrera como pintor, Dadd hizo un viaje a El Cairo y se pasó cinco días fumando hachís en una cachimba. Alrededor del cuarto día, le pareció que el burbujeo de la pipa le hablaba, hasta que comprendió que se trataba de un mensaje del dios egipcio Osiris, que se dirigía a él en un lenguaje de burbujas.
Richard Dadd fue confinado de por vida en el hospital de Bedlam. Allí siguió pintando sus cuadros de hadas, pero dedicó nueve largos años a terminar una obra en concreto: “El gran golpe del leñador mágico”. En ella, un grupo de duendes y hadas observa a un extraño leñador que sostiene su hacha y lanza un golpe hacia la nada. Fue tal la cantidad de capas que Dadd fue agregando obsesivamente, que la pintura adquirió un efecto tridimensional. Hoy es una de las obras más deslumbrantes de la Tate Gallery de Londres.
http://youtube.com/watch?v=oAN5zWcTqkQ
http://www.youtube.com/watch?v=QMZzlCnA-Wo
http://www.youtube.com/watch?v=PbKmpAXWGs8
(19.9.67). Rusia. Campeón olímpico en lucha grecorromana, más de 110 kg., en 1988, 1992 y 1996. En cien años de Juegos Olímpicos, ningún campeón, antes de la aparición de Alexandre Karelin, tuvo el honor de ser por tres veces abanderado de su país. Cuando Viktor Kouznetsov, buscador de talentos deportivos, vio a Alexandre Karelin, en una de sus visitas rutinarias a la escuela, su imponente físico de 14 años (1,78 metros y 78 kilos), se dio cuenta que tenía ante él a un posible luchador de primer orden. Una vez terminado su crecimiento, Alexandre Karelin se convirtió en un atleta de potencia impresionante: 1,92 de estatura, 130 kilos de peso y una envergadura de más de dos metros. Esto era una verdadera trampa para sus adversarios, este atleta completo que práctica el baloncesto y el esquí, es también capaz de levantar 190 kilos de peso, o correr 3 kilómetros en menos de once minutos. No es sorprendente que este campeón no haya conocido la derrota desde 1988. Comienza a entrenarse dedicando tres sesiones de una hora y media a su preparación física y técnica con ejercicios de suelo, sin tiempos muertos ni de recuperación para mejorar su resistencia. Añade a esos trabajos forzados largas carreras y trabajo de musculación con pesas. Juegos de Seúl de 1988. En este torneo Alexandre Karelin masacró a sus rivales antes del límite de los seis minutos reglamentarios. Tras un desgarro en un pectoral, producido en la semifinal de los Campeonatos de Europa de Budapest de 1996. A pesar de que le aconsejan guardar dos meses de reposo, la cercanía de los Juegos de Atlanta, que empezaban en cinco semanas, le hicieron comenzar a entrenar. Aún a pesar de no estar en plenas facultades barre uno tras otro a todos sus adversarios. Su último oponente en la final es el americano de origen iraní, Matt Ghaffari. Ante su público Ghaffari espera romper la leyenda de imbatibilidad de Karelin, pero al igual que en sus 21 combates precedentes, “Alejandro el Grande” domina a su rival a quién lleva al suelo balanceándolo por encima de su cabeza. Este movimiento le basta a Karelin para marcar un punto. En 1997 y 1998, gana el Campeonato Mundial, y éste último año consigue también el Campeonato de Europa. Ningún luchador desde Atenas en 1896, ha conseguido una proeza semejante en los Juegos Olímpicos.

Aferrados a una ligera estructura de madera, los pilotos de los primeros dirigibles subían a los cielos dispuestos a jugarse el tipo por el mero placer de volar. Sin ningún tipo de protección, aquellos primeros hombres recorrieron el mundo para demostrar que no había límites a la imaginación humana. En los primeros años del siglo XX, fueron muchos los que vieron pasar sobre sus ciudades a aquellos misteriosos hombrecillos voladores. Ésta es su historia.
Aunque ya se habían construido algunos modelos a pedales y con motores de vapor, los primeros globos motorizados se construyeron hacia el año 1900. En EEUU, Thomas Scott Baldwin tuvo la genial idea de añadir el motor de una motocicleta a un gran balón de hidrógeno y construyó un ingenioso aparato bautizado como "California Arrow". En pocas semanas la aeronave se convirtió en un auténtico fenómeno y Baldwin se lanzó a recorrer el país realizando espectaculares exhibiciones. De todas partes, la gente quería ver aquellos artilugios voladores y a sus arriegados pilotos.
Dado el rudimentario sistema de sujección de aquellas aeronaves, los pilotos se jugaban realmente la vida en cada espectáculo. En lugar de góndola, una estructura de madera servía de soporte para el motor y el piloto. En muchas fotografías vemos al piloto subido a horcajadas sobre la estructura, tirando de los cables que debían mover el timón de cola.

Durante algunos años, Baldwin se dedicó a recorrer el mundo con sus pilotos acrobáticos; desde Los Angeles hasta Tokyo, pasando por Europa, aquellos hombrecillos voladores se pasearon por los cielos de casi todas las grandes ciudades, demostrando aquel prodigio que permitía a los hombres volar a su antojo. 
Sin embargo, un hecho marcaría el fin de aquella era de esplendor. En 1906, los Hermanos Wright y Alberto Santos Dumont habían mostrado al mundo aquel nuevo artilugio denominado aeroplano, un aparato versátil y capaz de amenazar la supremacía de los dirigibles. 
En 1910 se celebró en el Dominguez field, cerca de Los Angeles, el primer gran espectáculo aéreo de EEUU, un evento colosal en el que participaron varios aeroplanos y dirigibles. El plato fuerte de la jornada consistió en ver el enfrentamiento entre ambos tipos de aeronaves, pero la rapidez y espectacularidad de los aeroplanos se ganaron el favor del público. 
En aquella misma jornada, el mejor piloto al servicio de Baldwin, el intrépido Lincoln Beachey, decidió dejar los dirigibles y hacerse piloto de aeroplano. El breve pero intenso sueño de los hombrecillos voladores había terminado. 
Imágenes cortesía de www.earlyaviator.com
La mañana del 18 de mayo de 1980, el vulcanólogo David Alexander Johnston se encontraba apostado a unos diez kilómetros de la cima del monte Saint Helens, cuando observó que la ladera norte se empezaba a desplazar. Desde su puesto de observación, Johnston fue el primero en dar la voz de alarma: "¡Vancouver! ¡Vancouver! ¡Ahí lo tenemos!” – anunció desde su terminal de radio. Fueron sus últimas palabras.
Eran exactamente las 8:32 h. de la mañana. La erupción del Monte Saint Helens fue tan violenta que se llevó por delante el cuerpo de Johnston y arrasó decenas de kilómetros cuadrados. La avalancha de roca alcanzó los 250 kilómetros por hora y arrastró material suficiente como para enterrar todo Manhattan a una profundidad de 120 metros. La columna de ceniza llegó a depositar residuos en 11 estados diferentes. Para hacerse una idea, la cantidad de energía liberada por el St. Helens equivalió a la de 500 bombas de Hiroshima.
Irónicamente, el único vulcanólogo capaz de predecir que el Saint Helens explotaría de forma lateral fue el propio Johnston. Los demás expertos, pese a los constantes terremotos que precedieron la erupción y a que el Saint Helens no tenía chimenea, no supieron predecir la catástrofe que acabó con la vida de 57 personas. Johnston cometió un único error que le costaría la vida: considerar que una distancia de diez kilómetros sería suficiente. Su cuerpo nunca fue encontrado.
* La fotografía de Johnston en la cabecera del post fue tomada 13 horas antes del momento fatal, en su puesto de observación.

"Mierda de artista nº 047".
[Piero Manzoni. Mayo de 1961. Lata de metal de 5 cm de alto y un diámetro de 6,5 cm. ]
En mayo de 1961, Piero Manzoni produjo una serie de 90 latas de conserva, de 90 gramos cada una, de excrementos de artista conservados al natural.
Cada lata se vendía al peso según la cotización diaria del oro.
Uno de los mas extraños trabajos de mi amigo Dennis consistió, concretamente, en contar osos. Tal cual. No piensen en nada peligroso ni exótico, él simplemente debía quedarse allí y contar los ositos de peluche.
En 1898, once días después de lanzar al mercado la conocida Aspirina, los laboratorios Bayer empiezan a comercializar un nuevo y revolucionario producto: Heroína. El nombre, inspirado en las sensaciones de los primeros pacientes que lo han probado, no puede ser más prometedor. En pocos meses, ambas marcas, Aspirina® y Heroína®, se anuncian juntas como insuperables analgésicos y como remedio para varias enfermedades pulmonares.
En los diarios aparecen anuncios con escenas cotidianas – una madre que da la medicina a su hijo o unos niños que toman su merienda – y se repite machaconamente el mismo mensaje: “En la estación lluviosa: Jarabe Bayer de Heroína”, “En la tos fuerte; Jarabe Bayer de Heroína”, “La tos desaparece; con Jarabe Bayer de Heroína”.
Durante años, Bayer sigue vendiendo la heroína como eficaz e inocuo sustitutivo de la morfina. Los anuncios a nivel mundial aseguran que, "al revés que la morfina”, la nueva sustancia produce un aumento de la actividad y hace desaparecer todo tipo de tos. A principios de 1900, algunas sociedades filantrópicas de EEUU llegan a distribuir muestras gratuitas de heroína vía correo para los adictos a la morfina que desean rehabilitarse.
No será hasta años después cuando se descubra que la heroína no solo no es inocua sino que resulta aún más adictiva que la morfina. El proceso de transformación de la sustancia en el hígado da la clave del asunto: la heroína vuelve a convertirse en morfina dentro del cuerpo. En 1913 Bayer detuvo la producción de heroína y borró todo este embarazoso asunto de sus archivos.

La noche del 9 de julio de 1962, los habitantes de la isla de Johnston contemplaron, por primera y única vez en la historia, las luces de una aurora boreal sobre el archipiélago de Hawai. Para su desgracia, no se trataba de un extraño fenómeno natural, sino del estallido una bomba termonuclear de 1,5 megatones a unos 400 kilómetros sobre el Océano Pacífico. El fenómeno fue observado desde diversos puntos del planeta. Durante las siguientes horas, tres satélites de órbita ecuatorial quedaron fuera de servicio y hasta siete se vieron afectados. Al mismo tiempo, centenares de hogares hawaianos se quedaron sin luz y miles de aparatos de radio y televisión dejaron de funcionar.
El proyecto Starfish Prime, encuadrado dentro de la Operación Dominic del Ejército norteamericano, consistía en la detonación de bombas nucleares en los límites del espacio exterior. Durante los primeros años de la Guerra Fría, americanos y soviéticos detonaron un total de 20 bombas termonucleares en los límites de la atmósfera, con el objeto de estudiar sus efectos en caso de guerra nuclear.
El efecto que la bomba Starfish había provocado sobre los aparatos electrónicos despertó un profundo interés en los teóricos. En pocos años, ambas potencias nucleares trabajaron en la fabricación de armas capaces de producir aquel efecto; inutilizar las principales comunicaciones y servicios del enemigo.
La explicación de su efecto está en la cantidad de rayos gamma y X que se liberan durante una explosión nuclear. La radiación gamma, sobre todo, es altamente penetrante e interactúa con la materia irradiando e ionizándolo todo, incluido el propio aire circundante. La radiación gamma se consume enseguida y crea un campo electromagnético zonal de kilómetros de diámetro.
Pensaba en lo que es una paradoja, que significa, a donde lleva, podria darles la respuesta por etimologia, podria darles la respuesta de la manera correcta, seria y reflexiva, pero, yo no soy ni serio y reflexivo muy poco, mas bien, les dare unos ejemplos, ejemplos reales, los de fantasia por hoy me resultan aburridos.
a ver, la querida madre de una muy querida amiga, una mujer de unos casi cincuenta años, en buena forma, joven y sana, nunca fuma, vive en un lugar tranquilo y lejano de avenidas muy transitadas, vida apasible, ¿donde esta la paradoja? pues, que la señora muere de cancer pulmonar, osea, muere de algo que no deveria pasarle a ella, eso, es lo que llamamos una paradoja, el doctor que la atendio se refirio a esto como una paradoja medica no muy comun, como el tio de carlos, deportista, de unos cuarenta años, vegetariano, no come nada irritante al estomago y no consume alcohol, de repente muere de cancer al estomago, terrible perdida y la familia que no sabia como explicar su muerte. una paradoja es la forma en que el destino se burla de ti o, si prefieres, dios muestra su lado humoristico mas cruel.
mi padre murio de cancer al higado, le dio cirrosis, tumor al higado y luego cancer, los doctores siempre preguntaban que tan seguido bebia alcohol, pero, el no bebia, un hombre que dedico gran parte de su vida al deporte, la vida sana y todo eso y, plaff! una nueva paradoja de la vida, un caso mas para los medicos sonrientes, un apellido mas para borrar de las listas de votacion, una burla amarga que nos pone la vida, algo para que sonrien los demas.
Dios, desde su albo y perfecto trono, nos observa amoroso y justo, completamente senil, caduco, asi es como el dicta sus irrebocables leyes, eso, si que es una real paradoja.
Las bombas de Hiroshima y Nagasaki acabaron con la vida de más de 250.000 personas y dejaron un legado de horror que aún perdura en nuestros días. En los siguientes años, la destrucción de ambas ciudades quedó asociada con las imágenes de edificios arrasados y llanuras llenas de escombros. Pero, ¿dónde estaban las víctimas? A principios de 1946, las autoridades estadounidenses habían ordenado la destrucción de centenares de fotografías y prohibido la difusión de cualquier testimonio de la masacre. Se prohibió a la población japonesa cualquier comentario sobre los bombardeos o las informaciones que pudieran “alterar la tranquilidad pública”.
Con los años, salieron a la luz algunos de los documentos clasificados como “alto secreto”, pero Hiroshima y Nagasaki siguieron quedando como un terrible dato en la enciclopedia; a diferencia de lo que sucediera con otras infaustas masacres - las pilas de cadáveres de Mauthausen o los gaseados en el Kurdistán -, en Hiroshima y Nagasaki no quedó imagen ni conciencia del horror, solo unos centenares de miles de víctimas sin nombre, convertidas en una cifra escalofriante a la que nadie ponía cara.
Uno de los muchos relojes encontrados en los alrededores de Hiroshima; todos permanecen parados a la misma fatídica hora, las 8,15 h., la hora exacta de la explosión.
En muchas superficies el calor y la fuerza salvaje de la explosión dejaron una impronta sobre paredes y suelos. En algunos casos, como este puente situado a un kilómetro del centro de la explosión, se ve claramente la denominada “sombra nuclear” que dejó la deflagración detrás de los pilotes.
En otros lugares, como en esta pared, la explosión imprimió las siluetas de algunas personas, cuyos cuerpos fueron pulverizados de forma instantánea.
El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, la bomba lanzada por el Enola Gay estalló a una altura de 580 metros sobre el centro de Hiroshima y mató a unas 70.000 personas al instante. La onda expansiva, a unos 6.000 grados de temperatura, no dejó un edificio en pie y carbonizó los árboles a 120 kilómetros de distancia.
Varios minutos después, el hongo atómico se elevó a unos 13 kilómetros de altura y expandió una lluvia radiactiva que condenó a muerte a las miles de personas que habían escapado del calor y las radiaciones. Dos horas después habían muerto unas 120.000 personas, 70.000 habían resultado gravemente heridas y el 80% de la ciudad había desaparecido.
Según Wikipedia, el área inmediatamente afectada fue de 5 kilómetros cuadrados densamente poblados. Hubo miles de casos de incineración súbita, carbonizaciones parciales y quemaduras de personas expuestas hacia el hipocentro del estallido, a más de 10 km de la zona cero.
Pero el horror no había terminado. Días después de que la bomba atómica destruyera la ciudad, los médicos comprobaron asombrados que la gente seguía muriendo en forma enigmática y aterradora, de síntomas desconocidos; "al principio los médicos y cirujanos trataban las quemaduras como cualquier otra, pero los pacientes se licuaban por dentro y morían. Ningún médico había visto nada igual".
"Sin alguna razón aparente, su salud comienza a deteriorarse -escribía Wilfred Burchett en su reportaje-,... Los médicos japoneses les inyectan vitaminas, pero la carne de los enfermos se pudre al contacto con la aguja. Hay algo que acaba con los glóbulos blancos, pero no sabemos qué es".

Esta imagen muestra el ojo de una víctima de ‘cataratas por radiación’. Muchos de los afectados estaban en un radio de dos kilómetros. La mayoría de los casos aparecieron años después.



Hibakusha ("persona bombardeada") fue el término con que los japoneses designaron a los supervivientes. Oficialmente hubo más de 360.000 hibakusha de los cuales la mayoría, antes o después, sufrieron desfiguraciones físicas y otras enfermedades tales como cáncer y deterioro genético.
Paradójicamente, muchos de los hibakusha fueron víctimas dobles: de los norteamericanos y de sus propios compatriotas, que le discriminaron durante años debido a que “la radiación se creía contagiosa”.
'La gente normal no nos dejaba acercarnos', explicaba uno de los hibakusha años después. "Algunas víctimas de las bombas ocultaron los ocurrido y pudieron encontrar trabajo, pero, en cuanto se les declaraba alguna de las mil y una dolencias derivadas de la radiación, eran fulminantemente despedidas". 
El día 10 de Agosto de 1945, menos de 24 horas después del estallido de la segunda bomba, Yosuke Yamahata, fotógrafo del Ejército japonés, llegó a la ciudad de Nagasaki con el encargo de documentar los efectos del "nuevo tipo de arma". Yamahata caminó durante horas entre los escombros del escenario más dantesco que jamás hubiera imaginado. Sus fotografías son una de las pruebas más desgarradoras de la monstruosidad humana:
“Un viento caliente comenzó a soplar – explicó años después – En todos lados se veían pequeños incendios, como antorchas apagándose: Nagasaki había sido totalmente destruida… prácticamente tropezábamos con cuerpos humanos y de animales que yacían a nuestro paso…"
"Era en verdad el infierno en la tierra. Aquellos que apenas pudieron sobrevivir la intensa radiación -con los ojos quemados y la piel calcinada y ulcerada- deambulaban apoyándose en palos para poder sostenerse esperando ayuda. Ni una sola nube amortiguaba los rayos del sol de ese día de agosto, brillando inmisericorde en ese segundo día después del estallido”.




Veinte años después, el 6 de agosto de 1965, cuando se recordaba el vigésimo aniversario del bombardeo a Hiroshima, Yamahata enfermó súbitamente. A los 48 años de edad, le fue diagnosticado cáncer terminal de duodeno, probablemente debido a efectos radiactivos residuales recibidos en Nagasaki en 1945. Murió el 18 de abril de 1966 y fue enterrado en el cementerio de Tama en Tokio. 
Si me preguntan el por que de ciertas cosas, trato de responder de la mejor manera, pero, a veces, me sale un carajo, uno pequeño, rapido, sonoro y certero, ¿por que? pues, hay cosas a las cuales hay que ponerles un poco de sonoridad, por ejemplo, ayer, en la radio decian una nota sobre el hombre mas feliz del mundo, un budista intelectual amigo del dalai lama, no posee bienes, no tiene sexo, no tiene interes en nada, siemplemente es feliz, supero todas las pruebas de felicidad que los psicologos le pusieron. Cosas como esta me hace decir ¡Carajo!, ese sujeto es el hombre mas feliz del mundo, osea, todos nosotros estamos equivocados, el tiene razon...Je, si la poblacion entera viera que el sexo y la busqueda del mismo es, una agobiante forma de perder tiempo y de alejarnos del camino intelectual y espiritual pues, hace mucho nos hubieramos estinguido, ser amigo del Dalai Lama pues, preferiria ser amigo de Hugh Hefner, de Vargas Llosa, Jason Kay, de ti. Poseer bienes pues, no se, el trabajo es algo que hace que la especie humana se mantenga ocupada pensando en las musarañas, con el dinero ganado uno puede hacer lo quiera y desear cosas que, como dijo el viejito del barril, no nos son nescesarias, pero si muy divertidas. Si, ya se suena como que hablo a favor del consumismo, pero no me malinterpretes, lo que pasa es que la felicidad es tener ambiciones, esforzarse, levantarse cuando uno cae, buscar esa persona que te gusta, el sexo es algo fantastico, desear bienes no es malo, ese amigo, que es considerado por la ciencia como el hombre mas feliz del mundo es para mi, como una cascara vacia, como un anciano que ya vivio y que no espera mas, como un automata con piel de europeo budista y emancipado.
Ciudad Fantasma
Son las cinco de la mañana y ya estoy casi listo para salir, mi mente me empuja y me recrimina el motivo de esta imprevista decisión: ¿por que tengo que asistir a aquel infausto suceso, que no es ninguna obligación mía, y quizás suponga algún riesgo de muerte?, tampoco es una deflagración celestial de mi vocación periodística, quizás sea el espíritu altruista sedimentado en el fondo de mi misántropo corazón que hace una de sus espontáneas apariciones. No se lo que es. Pero igual sigo adelante, termino de cepillarme los dientes y me despido de mi madre con la sensación de que quizás no vuelva. Me dirijo al encuentro de Pablo, amigo de la revista y de incontables borracheras, en el camino me sigo preguntando cual es el verdadero motivo de este pequeño viaje.Encuentro a Pablo en la casa de otro amigo, y decidimos enrumbarnos a comprar los pasajes que nos llevaran a una de las catástrofes mas grandes que le han ocurrido al Perú, donde mas de trescientas personas, hasta ahora, han perdido la vida, miles de heridos reniegan su destino que los ha privado de sus seres queridos y de sus hogares. Llegamos a al terrapuerto de Soyus a las 6 de la mañana, y ya se manifestaba una cola descomunal de 5 cuadras, preguntamos en cuanto se habían elevado los pasajes, que normalmente costaban seis soles hasta Pisco que está a tres horas de Lima, nos dimos con la ingrata sorpresa que se habían triplicado, se supone que en una situación así las empresas deberían sobrecogerse y brindar su apoyo en cuanto pudieran, pero en lugar de eso, solo buscaban lucrar con la desesperación y el dolor de los familiares de las víctimas. No había otra alternativa, si no nos embarcábamos de una vez llegaríamos en diez horas por lo menos, por que las carreteras estaban estropeadas a consecuencia del violento sismo.Mientras esperábamos nuestro turno en la cola apareció una combi en las afueras de Soyus, que ofrecía llevarnos por el mismo precio, pero en la mitad de tiempo, no lo pensamos dos veces, nos subimos y les dijimos adiós a los pobres infelices que seguían peleando con los cajeros, para que les redujeran las tarifas.Cuando aborde mi pequeño monstruo metálico, no aguante el cansancio de una amanecida que ya llevaba a cuestas y dormí poco y mal, sin embargo la gente parloteaba como si fuéramos a un evento festivo. Cuando llegamos a una de las entradas de Pisco, todavía a unas 6 cuadras de la plaza, el panorama era desolador, lo que vi en Ventanilla era un juego de niños en comparación a esto, un enjambre humano recorría las calles con rostros de desesperación y dolor. La ciudad: un sepulcro con olor opresivo de descomposición exigía a todos a usar mascarillas para no obligarse a vomitar, yo no podía oler nada por una fractura que sufrí en el tabique hace un par de años, pero el talante de Pablo me confirmaba que aquel aire lleno de polvo y muerte era irrespirable, él empezó a tomar fotos y yo empecé a grabar testimonios de los damnificados, “mis 4 hijos y mi hermana han muerto, porque nosotros vivimos en el fondo de aquella quinta, solo se han salvado los que viven cerca de la salida, yo de milagro me he salvado por que estaba trabajando, nunca pensé que nos pudiera pasar algo así” y de repente rompió en llanto una de las tantas madres, que han quedado en el desamparo y la soledad entre los escombros. Seguimos caminando en dirección a la plaza, aquella infame plaza que no será recordada por ser el eje de un pueblo que lleva el nombre de uno de los licores emblemáticos de nuestra patria, sino por este oscuro capítulo en la historia de sus habitantes. Al llegar a la entrada todo era caos, patrullas de bomberos , volquetas, policías, militares, defensa civil, perros rescatistas, colas de heridos, escombros, muertos, y nosotros en medio de todo eso, por donde se mirara había destrucción, yo pensaba que el terremoto solo había destruido las casas débiles construidas de adobe, pero esa falacia quedo desmentida cuando vi los bancos de la Nacion, Scotiabank, y el Continental literalmente hecho pedazos, en esos momentos tome conciencia de la gravedad y medí las consecuencias en un supuesto sismo teniendo como epicentro a la capital. Tragué saliva. Sí un sismo con aquella magnitud se ensañara con la capital y su epicentro fuera allí, lo de Pisco quedaría relegado a un segundo plano, en Lima morirían miles, los de Barrios Altos serian los primeros en caer, las casas antiguas del Callao no quedarían incólumes, la mayoría de las edificaciones antiguas del centro se vendrían abajo como castillos de naipes, y las cientos de invasiones de San Juan de Lurigancho y Comas también, por no contar emporios, universidades, colegios etc.Esta tragedia ha dejado al descubierto no solo la falta de preparación de los habitantes de la capital y de las provincias, sino de las autoridades que prácticamente están tan desorganizadas en casos de desamparo de esta magnitud, hasta el presidente estaba mal informado, al anunciar equivocadamente una cifra exigua de damnificados y muertos, error fatal, quizás por eso las autoridades se demoraron tanto en acudir a ayudar a los heridos de Pisco, Chincha e Ica. Después de tomar una gran cantidad de fotos y grabar los testimonios de varios rescatistas, policías, y damnificados, empezamos a caminar sin rumbo por las calles sin nombre, desconocidas para nosotros, y nos preguntábamos como habría sido esto antes del sismo, como hubiera lucido una semana antes todo, seguimos caminando, pero esta vez un problema solapado por el desastre se hizo presente: el hambre. Recién caí en la cuenta de que no habíamos ingerido alimento alguno desde que salimos de Soyus, y ya me sentía un poco mareado, las ansias de comer se acrecentaban y decidimos buscar algún lugar donde conseguir una galleta o algo, pero las calles solo eran escombros y al parecer todos sentían el mismo aguijón angustioso, y quizás aún mas, ya que ellos ya llevaban dos días y probablemente no hubieran recibido ayuda alguna hasta el momento. Decidimos ir a la plaza y tratar de conseguir comida con algún policía venal, pero nos respondían que ellos tampoco habían comido en dos días y que recién habían recibido su ración. No les creímos. Era la viva imagen de la venganza del nutrido contra el hambriento, ellos devorando su pitanza, y nosotros observándoles con envidia. Nos resignamos. Empezó a caer la noche y decidimos quedarnos en la plaza y buscar un lugar seguro en caso de alguna replica que terminara por destruir las edificaciones que todavía quedaban en pie, y también de los ladrones que caminaban al acecho, eran las 8 y el panorama no había cambiado mucho, pero de repente la gente empezó a amontonarse en una esquina de la plaza, frente al Banco Continental, fuimos corriendo a ver que ocurría, era la lista de personas desaparecidas, probablemente muertas, que llegaban alrededor de cincuenta, me pregunté en voz alta donde había sido la peor tragedia, donde había muerto la mayor cantidad de gente, y una señora a mi lado me respondió con voz entrecortada que la ironía mas atroz fue la de la gente que pereció en la iglesia de San Clemente, según ella, mas de trescientas personas estaban en misa, y que a la par era una celebración importante de Pisco, cuando se sintieron los primeros segundos, cuando todavia el sismo era un temblor inofensivo y vieron estremecerse las paredes, la gente empezó a huir , pero algunos decidieron quedarse a orar, de repente cuando el sismo comenzó a sacudir violentamente y se convirtió en un terremoto , las personas que habían salido empezaron a gritar y decidieron volver a la iglesia para clamarle misericordia al señor, calme su ira divina, pocos segundos después el techo del templo les cayo encima, la mayoría perdió la vida en el acto . Al frente de la derruida catedral, en la esquina opuesta de la plaza a la que nos encontrábamos, al lado de los cuerpos embalsamados no identificados, colocaron un pizarrón que describía las características de los cadáveres para que los deudos pudieran reconocerlos. Hombre moreno de metro sesenta, aproximadamente de ochenta años de edad, pantalón de vestir azul, camisa de cuadritos azules, zapatos marrones. Me estremecí al pensar que algún día algún familiar mió tenga pasar por ese penoso ritual. Al instante, escuche un alarido desgarrador, entonces supe que una señora que estaba a mi lado había identificado a aquel anciano, probablemente su padre. No nos atrevimos a preguntar. El militar que custodiaba los cadáveres le informó a la señora que por la tarde otros familiares vinieron y se llevaron las cosas de valor del difunto, prometiendo volver con el resto de hijos y hermanos mas tarde a recogerlo, “pero la única familia que tiene soy yo” entonces comprendió con desilusión y amargura que ni en esas circunstancias uno estaba libre de ponzoñosos delincuentes sin corazón, que no les importaba el dolor ajeno. Nos sentamos en una de las bancas de madera de la plaza con la ilusión de un sueño profundo. Pero no pudimos. El aire helado nos impactaba como ráfagas de ametralladora que calaban hasta los huesos y agarrotaban los músculos. Pablo me miraba con desesperación, “hay que meternos a alguna carpa”, solté una carcajada y le sugerí que buscáramos otro lugar donde hubiera menos frío. Encontramos una banca de cemento a modo de arco, que esta en frente de la estatua en medio de la plaza, parecía el lugar perfecto para pasar la noche, Pablo saco un periódico de su morral y lo improvisó a modo de colchón para acostarse sobre el , pocos minutos después se durmió. Yo no hice lo mismo. Me mantuve despierto con la idea de que apenas despuntará el alba volvería a casa, y que ahí me esperaría mi madre con un plato de comida y un lugar donde dormir, pero aquellas personas que lo habían perdido todo, ¿que sería de ellos?, tendrían que quedarse aquí a esperar la ayuda del gobierno o la caridad de alguna institución, tendrían que hacerle frente a su desdichado destino, cuanto tiempo mas esperarían para que sus vidas fueran las de antes, yo solo estaba a pocas horas.